Un nuevo eje del INTA: comercio, economía y ambiente

El sector agropecuario, principalmente las empresas y entidades que se vinculan al mismo como proveedores de insumos y tecnología contributiva en materia ambiental, siguen intentando en generar conciencia respecto a que el sustento de la tierra es fundamental para contribuir al desarrollo, no solo productivo, sino el mismo desarrollo del cual depende el crecimiento económico de la tierra que los alberga como país.

""El INTA sigue apostando fuertemente a esta tendencia que está comenzando a imponerse en el mercado mundial, la tendencia de productos ecológicos que contribuyen al cuidado del recurso más preciado que posee el territorio en casi toda su extensión, aunque la cara volteé hacia lado contrario en muchos casos.
En el marco de los 50 años de actividad técnica y de vinculación con el sector agropecuario e industrial argentino, nuevamente el INTA dijo presente en la tercer megaexposición, y última en sus características, que se está desarrollando en Ballesteros. En éste contexto el Dr. Ernesto Viglizzo (foto), coordinador del área estratégica de gestión ambiental del instituto brindó en el salón auditorio de la entidad, un panorama de la relación económica, comercial y ambiental que se está manejando actualmente por parte del INTA. “Enfocamos un tema que no es común de tratar. La relación del sector agropecuario, el comercio y la economía, pasando por el aspecto ambiental. Generalmente miramos a la agricultura o la ganadería como factor de deterioro del ambiente, pero una buena gestión ambiental puede llegar a tener un muy buen beneficio económico para el productor y desde el INTA estamos mirándolo desde ese punto, más integral. El suelo es el cuestionamiento histórico que le hacemos al productor para que lo cuide como recurso, pero ahora estamos mirando un poco más las llamadas políticas de ordenamiento territorial, que deben ayudar a balancear las distintas actividades, a fin de minimizar los impactos sobre el ambiente. La soja es un cultivo que ha tenido un gran impulso, debe seguir teniéndolo, la economía nacional está basada en ese cultivo, pero éste no es apto para todas las condiciones de nuestro país, entonces, con una política de ordenamiento territorial, vamos a tratar de encontrar cual es la mejor ecuación para las distintas regiones”, explicó el técnico del INTA.

Posición gubernamental y empresarial
Viglizzo remarcó que la posición del INTA se debe destacar por contribuir a facilitar tecnologías para el sector y no apuntan a acciones políticas “si bien tenemos los contactos y nexos que hay que tener con el gobierno”, acentuó. En referencia a la contribución de las empresas remarcó que “actualmente se ve de todo en el ámbito empresarial, pero cada vez la conciencia es mayor. De hecho en nuestro programa de gestión ambiental tenemos grandes empresas que aconsejan en nuestro programa, que opinan con nosotros sobre sus problemáticas, y hasta tenemos pooles de siembra de soja que también discuten sus problemas con nosotros, cosa que antes no se hacía y hoy están sensibles a la problemática ambiental, pero no es solo eso, les beneficia a ellos, porque un suelo degradado, en 20 años, ya no servirá para nada”. También argumentó que si bien no se puede impedir que el productor siembre lo que desea, se deberá contribuir entonces a brindarles tecnología para hacer de éste impacto terrestre y ambiental algo mucho menos significativo. Mencionó, entre algunas medidas que se deben optar en la producción, a la siembra directa, variedades que consuman menos pesticidas y plaguicidas que tengan genes resistentes a enfermedades e insectos. Aunque por otra parte, y en cuento al rol político nacional, argumentó que “se necesitan desarrollar tecnologías que ayuden a entender como tiene que hacerse la gestión de cuidado de ambientes mas grandes, es decir, políticas de ordenamiento territorial”, al tiempo que informó que desde el INTA se está trabajando en el tema a través de un programa nacional.

Tendencias
En el marco de la disertación ofrecida se mencionó al mercado europeo como el camino más correcto por el cual debe transitar la Argentina en materia de certificación y prestaciones de productos ecológicos, al tiempo que analizó cinco tendencias claves a tener en cuenta para mejorar en los aspectos mencionados, que de apoco parecen estar volcándose al lado del sendero correcto en el mercado argentino. “En primera instancia hay que ponerle el número a los costos de los nutrientes que extraemos, no podemos descuidar el suelo, que lo vamos perdiendo, ni a la materia orgánica que se nos va ni al sedimento que generamos. Una segunda tendencia es que crece la conciencia en el sector rural de que cuando incrementamos la productividad en la empresa, y a pesar de que aporta a lo social, también generamos un costo ambiental que tiene que resolver la sociedad. Cuando se contamina una napa, por ejemplo, por el exceso de uso de nutrientes lo termina pagando la sociedad porque esa agua hay que limpiarla. Otro punto es que aunque los métodos de valoración del costo ambiental son todavía precarios, sirve para tener una dimensión de su importancia relativa, o sea, hoy ya no siento ninguna seguridad cuando a mi me presentan costos ambientales porque los métodos no están puestos a punto, pero sí me dan una idea de los costos ambientales en relación a los otros costos económicos. Otra tendencia dice que el análisis de los conflictos entre beneficio económico y costo ambiental será el ordenador clave para incrementar la noción de sustentabilidad de lo ecológico el sector rural”, reflexionó Viglizzo.

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