Un establecimiento en Córdoba lleva ahorrados un millón de litros usando biodiesel al 100%

En La Esperanza, establecimiento ubicado cerca de la localidad de Pasco, el productor Hernán Berti hace seis años que no compra gasoil. Todos los vehículos que utiliza en la producción agropecuario funcionan con la propia producción de biodiesel.

Hernán Berti es la cuarta generación de una familia de productores que tiene a la innovación como eje de desarrollo en el sudeste de la provincia.

Los cimientos que edificaron su bisabuelo y su abuelo en la zona de Pasco, en el departamento General San Martín, ganan ahora altura a partir de la consolidación que él y su padre, uno de los pioneros de la siembra directa en la zona (adecuando sembradoras al sistema), le han dado a un modelo de agregado de valor que incluye la producción de leche, la agricultura y la elaboración de subproductos de la soja.

Biodiesel para autoconsumo en La Esperanza

Este último eslabón es el que le ha permitido a La Esperanza dar un paso casi revolucionario: fabricar su propio biodiesel para autoconsumo.

A tal punto que desde hace seis años, cuando comenzó a operar la planta para la elaboración del combustible derivado de la soja, los Berti han sustituido un millón de litros de gasoil. Una cifra para nada despreciable, en un momento en el que el combustible fósil escasea y genera inconvenientes en la agroindustria.

En estado puro, al 100 por ciento, el biodiésel es el combustible que impulsa en el establecimiento dos cosechadoras Case, modelos 4130 y 8210; nueve tractores de la misma marca, con potencias comprendidas entre 80 HP y 240 HP; dos camiones, utilizados para el traslado de granos y de alimento balanceado, además de todos los vehículos utilizados para la logística.

 “Mi padre siempre tenía presente la idea de industrializar la producción”, reconoce Hernán, en diálogo con Agrovoz en el establecimiento donde la empresa familiar tiene instalada la extrusora de soja, la planta de alimento balanceado y la de elaboración de biodiésel.

Historia de valor agregado

En los comienzos, la idea de darle valor agregado a la producción venía por el lado de industrializar la leche, transformándola en quesos. En el medio, mientras cursaba la carrera de Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional de Río Cuarto, Hernán comenzó a interiorizarse por el tema del biodiésel.

“Yo me recibí en 2001, pasaron un par de años y surge la posibilidad de armar un módulo de extrusión y prensado de soja que se adaptara al tamaño de nuestra empresa, ya que lo que pensábamos para el lado de la leche eran todos proyectos de más inversión y que requerían mayor escala”, recuerda el productor.

En 2006, La Esperanza comenzó a industrializar la soja que producía en campos de la zona. El expeller, uno de los productos que quedan del proceso de prensado se convirtió en alimento balanceado para el propio tambo, y también para terceros.

Pero siempre estaba presente en la familia la idea de producir biodiésel, hasta que hace seis años comenzaron con la elaboración para autoconsumo.

¿Cuál fue la razón que llevó a los productores a tomar esa decisión? “Dentro de la empresa, nosotros hacemos todas las labores de siembra, pulverización, cosecha, transporte y almacenaje. Entonces había varios motores funcionando y el consumo de combustible era importante. Viniendo de la actividad tambera, en la cual los números exigen sintonía fina, al momento de hacer los análisis veíamos que era muy importante la reducción de costos de usar biodiesel al 100 por ciento con respecto al gasoil. A partir de esa razón, decidimos comenzar con la producción y utilización para autoconsumo”, justifica Hernán.

Números a favor

Cuando los Berti arrancaron hace 16 años con el extrusado de la soja, la venta del primer camión de aceite fue a un valor de mil dólares la tonelada. A partir de ese momento, el valor del subproducto comenzó a bajar y llegó hace un par de años atrás a 350 dólares la tonelada, lo que hizo muy competitivo el precio del biodiésel respecto al valor del gasoil.

“Cuando el aceite de soja tenía un valor de 300 dólares la tonelada, el biodiésel se elaboraba con un costo de 18 pesos el litro contra 68 pesos que se pagaba el gasoil”, compara el productor

En tiempos de bajo precio para el aceite, recuerda que convenía más llevar la soja a puerto como grano que industrializarla. “Pero siempre mi padre me dice: ‘Para agarrar la buena, hay que pasar la mala’; y por ahí, teniendo la experiencia del tambo donde las rachas malas suelen ser una constante, seguimos adelante”, destaca.

En los últimos tiempos, y con el subproducto de la oleaginosa a 1.400 dólares la tonelada, hacer un litro de biodiesel cuesta 178 pesos. Si se tiene en cuenta que hoy el valor del gasoil al surtidor ya supera los 200 pesos el litro, “el aceite de soja vuelve a estar competitivo para hacer biodiésel”, observó el productor.

Si bien ambas funcionan en el mismo predio, la planta de extrusado de soja (en la que se obtiene el expeller y el aceite), por la que pasan 25 toneladas por día, y la de biodiésel, que produce 2.500 litros diarios, funcionan de manera independiente. “Cada una es autónoma de la otra”, indica el productor.

Las instalaciones que elaboran el combustible renovable trabajan ocho horas diarias, cinco días a la semana. “Podría funcionar las 24 horas, el biodiésel requiere 24 horas de decantación para su uso, a los fines de eliminar jabones que quedan disueltos”, comenta.

Además del aceite de soja y la resina de purificación, en el proceso de producción del biodiésel intervienen metanol y metóxido de sodio.

A partir del extrusado de una tonelada de soja, y en función de la humedad con la que ingresa el grano a la prensa, se obtiene 14 por ciento de aceite de soja, 81 por ciento de expeller, y un cinco por ciento de pérdida por la temperatura en el proceso.

El aceite de soja, que llega a la planta de biodiésel por un oleoducto, tiene una conversión respecto al biodiésel de “uno a uno”: de un litro de aceite se obtiene uno del combustible verde.

En seis años que lleva la sustitución del gasoil por el biodiésel, el cambio no ha generado problemas mecánicos en los vehículos, según destaca el productor.

“Al principio, había una desconfianza por parte de los fabricantes a quienes les adquirimos la maquinaria. Pero en la cosechadora más grande hemos sacado dos veces los inyectores para controlarlos, para ver si realmente hay desgaste, y en cerca de cinco mil horas de trabajo nunca hubo un inconveniente”, precisa.

De usuario a proveedor

Cuando tuvieron el desarrollo de la planta, los Berti salieron buscar la empresa metalúrgica que se las construyera. “La planta tiene una particularidad especial: está hecha en acero inoxidable, incluso las bombas”, describe Hernán.

Esta característica le otorga “una vida infinita”, teniendo en cuenta que uno de los insumos que se utiliza en la mezcla con el aceite para producir el biodiésel es el metóxido de sodio, que tiene base cáustica.

Otra particularidad que tiene es que no produce efluentes. “El único producto que sale es biodiésel y glicerina, ya que nosotros le sacamos el metanol al glicerol y a esa glicerina la usamos como una fuente energética para combinar el expeller de soja, ya que una fuente energética que tiene las mismas megacalorías que el maíz”, sostiene el productor.

El Programa de Biocombustibles lanzado por la Provincia, y que estimula la producción y el uso de biodiésel para autoconsumo, le abrió a la empresa de Pasco la posibilidad de sumar un nuevo eslabón a su cadena: proveer las plantas.

“Cuando surge esta iniciativa desde la Provincia, en la cual los análisis para evaluar y auditar la calidad de las plantas los iba a realizar el Ceprocor, decidimos asociarnos con una metalúrgica de Villa Nueva para fabricar las plantas”, indica.

La empresa que se decida a la fabricación de las plantas se llama Biodiesel Energía Renovable y pertenece a la firma de HH SAS, integrada por Hernán y su socio Hernán Galasso.

La pyme está inscripta como proveedora dentro del programa provincial de fomento a los biocombustibles.

Modelo de valor agregado

Con el tambo como nave insignia, Ronal y Hernán Berti han desarrollado un modelo de valor agregado en origen que tiene a la agricultura como proveedora de insumos.

“El esquema de producción y de industrialización que tenemos en marcha no sería posible de no contar con el equipo de personas que trabaja tanto en el tambo, en las plantas y en las labores de siembra. Sin ellos no sería posible alcanzar los objetivos” destaca y reconoce Berti.

Desde hace seis años, el tambo en el que 300 vacas en ordeñe producen 8.500 litros diarios se desarrolla bajo un sistema confinado en ensenadas. La construcción de una calle de alimentación es el paso que está dando el establecimiento para hacer más eficiente aún el suministro de la dieta, que incluye el balanceado de producción propia.

El planteo agrícola, mientras tanto, incluye una rotación de trigo, soja y maíz.

“Veníamos haciendo trigo, pero este año la falta de agua en la zona lo condiciona, por lo que hay muy poco sembrado”, admite Hernán.

Como parte de una estrategia más sustentable y “siempre verde”, hace un par de años que la empresa comenzó a sembrar cultivos de servicio: vicia y centeno consociados. “Este año tenemos bastante sembrado; a pesar de que se implantaron más temprano que el trigo y con poca humedad alcanzaron a nacer, esperemos que sigan evolucionando”, confía.

Esa cobertura se va a secar de forma química y va a dejar su lugar al maíz tardío. Mientras que los lotes sembrados con vicia servirán de barbecho para la soja.

“Sembrados 1.800 hectáreas de soja, por la necesidad que tenemos para la planta de extrusado y de balanceado, aunque algo también va como grano a puerto en años que hay un excedente. En campañas como la actual, donde el clima incidió en forma negativa en los rendimientos, estamos más justos”, manifiesta.

De maíz, la empresa hace 500 hectáreas, una parte para picado y otra parte para grano que se convierte en balanceado. Cuando hay volumen excedente, se vende como grano.

Si bien por el momento el uso de biodiesel sólo está concentrado en impulsar los motores, la empresa evaluó producir energía para hacer funcionar el quemador de la secadora de la planta de balanceado y una caldera. “Acá, a pesar de que usamos gas envasado, sigue conviniendo hacerlo en lugar del biodiesel”, reconoce.

Por Alejandro Rollán – Nota publicada en el portal del diario La Voz del Interior ( www.lavoz.com.ar ) – Fotografías: Ramiro Pereyra

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