Se consolida en Corrientes el modelo productivo mixto vacuno-bubalino

Además de ser la principal productora de búfalos del país, con más de 60.000 cabezas, en Corrientes cada vez hay más productores que integran el búfalo a la ganadería vacuna tradicional. La decisión torna rentables las superficies subutilizadas.

Hasta hace algunas décadas era común que, al hablarse de producción de búfalo, se la considerara como una actividad aislada, de tierras poco aptas y, por ello, con pocas posibilidades de rentabilidad.

Con las primeras experiencias productivas favorables, se pasó a pensar en la producción bubalina como una actividad de competencia para la ganadería vacuna tradicional.

Pero los datos estadísticos y estudios de caracterización de la cadena productiva del búfalo evidencian que esta producción viene en franco crecimiento, pero además que la producción bubalina y la vacuna pueden convivir y ser complementarias.

«Hoy podemos confirmar que la ganadería vacuna y la bubalina no solo no compiten, sino que el búfalo incrementa la rentabilidad del sistema con actividad vacuna», destaca el doctor Pablo Maldonado Vargas, docente investigador de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE y referente de un amplio grupo de profesionales e instituciones que vienen trabajando en la promoción de la bubalinocultura.

La afirmación se sustenta en que crece la cantidad de establecimientos ganaderos vacunos de Corrientes que cuentan también con existencia de cabezas bubalinas.

De esta forma, así como décadas atrás, se logró la consolidación del sistema mixto bovino-ovino en la zona centro-sur de la provincia, «ahora se puede afirmar que existe un sistema mixto vacuno-bubalino en un amplio territorio de la provincia», refiere, por su parte, el ingeniero Orlando Álvarez, jefe de la Agencia de Extensión Rural Ituzaingó del INTA.

Situación del búfalo

Para entender el potencial del búfalo como complemento a la ganadería vacuna, debe mencionarse que, en la provincia de Corrientes, cerca del 30 % de la superficie ganadera son zonas bajas o inundables.

Así, la ganadería vacuna en esos ambientes encuentra espacios poco óptimos y logra pobres indicadores en una amplia franja de la región nordeste, como Capital, San Cosme, Itatí, San Luis del Palmar y Empedrado, así como en los departamentos ubicados al norte y noroeste del Iberá y del río Corriente, como Berón de Astrada, General Paz, San Miguel, Ituzaingó, Mburucuyá, Saladas, Concepción y San Roque.

En esas superficies la adaptación del búfalo resulta una alternativa más que interesante.

En Argentina, se crían búfalos en 19 provincias, con gran aumento en el número de animales.

El NEA concentra el 88,89% de los búfalos y Corrientes tiene el mayor número de animales y productores.

En territorio correntino pasó de 8.247 cabezas de búfalos en 2017 a más de 60.000 en la actualidad.

Integración

«La especie bubalina se integra fácilmente a los sistemas vacunos tradicionales, conformando sistemas mixtos vacuno-bubalinos, potenciando el desarrollo de ambas actividades», reitera el doctor Maldonado Vargas.

En su tesis para obtener el título de doctor de la Universidad Nacional del Nordeste en Ciencias Veterinarias caracterizó la producción de búfalos en la provincia, analizando el resultado económico y productivo de modelos de sistemas ganaderos mixtos vacuno-bubalino en la región norte de Corrientes.

La información fue recolectada mediante una encuesta realizada por la Facultad de Ciencias Veterinarias y el Ministerio de Producción de Corrientes, así como con la exploración de diversas fuentes de información secundaria, como sistemas de precios, censos e informantes calificados.

En el modelo vacuno-bubalino mixto empleado para el estudio, presenta una relación de 35% de búfalos y 65 % de vacunos.

Indicadores

En el análisis de los indicadores productivos se evidencia una mayor producción de carne por hectárea en la actividad bubalina, alcanzando los 53 kilogramos por ha, mientras que en la actividad vacuna ronda los 48 kg/ha.

Asimismo, existe un menor número de cabezas bubalinas en relación al vacuno, en igual superficie, siendo mayor su eficiencia de stock en alrededor de 10 % (33% y 23%, respectivamente).

Los resultados económicos arrojan márgenes positivos para ambas actividades, aunque son superiores para búfalos.

La rentabilidad individual por actividad es del 3 % para los vacunos y del 5,1 % para los bubalinos, teniendo el sistema mixto vacuno-bubalino una rentabilidad global del 3,9 %.

La diferencia en los indicadores a favor del subsistema bubalino puede ser atribuida fundamentalmente a mayor longevidad de los vientres e índices de destete superiores, sumada la mayor producción de carne por hectárea de los búfalos, con menores costos de producción, a pesar de tener menor carga.

También debe ser considerada la valuación de la tierra, puesto que las superficies ocupadas por los bubalinos tienen menor valor en el mercado. En general, estas tierras suelen ser subutilizadas por la ganadería vacuna o poco productivas.

Analizando los costos directos de la actividad vacuna, el gasto personal representa el 51 % de los mismos, seguido por la compra de toros de reposición con el 37 %. Los costos de sanidad alcanzan el 8 % del total, mientras que los de suplementación rondan el 4 %.

En tanto, los costos sanitarios en los bubalinos (7 %) son inferiores a los de los vacunos, lo que puede atribuirse a sus características de mayor resistencia al ambiente. La compra de toros alcanza el 30 % de los costos, mientras que, al igual que en los vacunos, la mayor proporción de los costos es atribuido al personal (63 %).

En ambos subsistemas, el sistema extensivo es principalmente pastoril, por ende, no se generan costos en torno a la alimentación (salvo por la suplementación descripta en los vacunos, principalmente en las vaquillas en estrategias de intensificación para acortar la edad de entrada a servicio).

Potenciar el conocimiento

Desde el INTA, hasta hace algunos años no se registraba actividad vinculada a los búfalos.

Pero la creciente consulta de productores motivó la articulación con la UNNE, y así, actualmente la Agencia de Extensión Rural Ituzaingó tiene una activa relación con el Grupo Búfalos del Iberá.

Este grupo nuclea a productores de lo que se considera una de las zonas más aptas para el búfalo, por el clima y tipo de suelo bajo; sin embargo, la gran mayoría de estos productores también crían vacas.

«Donde hay zonas bajas hay búfalos y, en la parte de loma alta, hay vacas».

En esa línea, sostuvo que desde el grupo se viene trabajando con fuerza en capacitaciones y formación específica para mejorar los conocimientos que se tiene sobre la producción de búfalos y así optimizar los rendimientos.

«Si bien es cierto que el búfalo se adapta mejor a cualquier tipo de campo y es de más fácil manejo que los vacunos, en realidad eso no debe significar que no pueda mejorarse el manejo en el aspecto sanitario, alimentación, pastoreo, reproductivo, tecnología de procesos y en particular el mejoramiento genético», resaltó.

Consideró que «hay un click de productores» para mirar a la producción bubalina ya no más como secundaria a la actividad vacuna sino integrada a la misma.

Trabajo articulado

A nivel país, en febrero del año 2021 se reglamentó la Ley de Fomento y Desarrollo de la Producción Bubalina.

También a nivel local se cuenta con una ley para el Fomento y Desarrollo de la Producción Bubalina y este año se constituyó la Mesa Bubalina de Corrientes, integrada por organismos provinciales, municipios, productores, sectores profesionales y demás instituciones.

En ese aspecto, el ingeniero Álvarez reiteró que la decisión de trabajar de manera integrada en forma de clúster es el camino más apropiado para fortalecer la producción tanto de quienes se dedican sólo a búfalo como de quienes optan por modelos mixtos búfalo-vacuno.

Resaltó que, a medida que las prácticas productivas de manejo del búfalo se vayan optimizando al nivel que las alcanzadas por el manejo vacuno, «de seguro la ganadería de ambas especies aportará mejores rindes a los productores locales».

Otro de los aspectos a fortalecer es la comercialización, pues la carne de búfalo en góndola se sigue vendiendo como carne vacuna, y también debe fortalecerse la producción de leche de búfalo, comercialización de semen, cueros y otros productos derivados.

Genética

En la Cabaña «Pedro Antonio Silva», ubicada en Paso Florentín, General Paz, se crían solo búfalos. En poco más de siete años, esta cabaña pasó a ser referencia en materia de genética en búfalos, siendo actualmente el primer y único Centro Integral de Inseminación Artificial Bubalino de Argentina.

Sin embargo, pese al trabajo exclusivo con búfalos, la propietaria, María Nilda Silva, reconoce la viabilidad del sistema vaca-búfalo: «Entre ambas especies no se agreden, conviven sin ningún problema».

Explicó que si se tienen muchas hectáreas con buena disponibilidad de pasturas, se pueden tener las dos especies juntas, pero si la superficie del campo es reducida, se puede realizar un manejo rotativo, dividiendo en lotes de vacas, por un lado, y búfalos, por otro, debido a que el búfalo arrasa con el pasto, comiendo hasta las raíces.

«El sistema mixto es una buena alternativa para muchos productores», remarcó.

Silva afirma con seguridad que la mejora genética es clave para dar el salto en la producción de búfalo en Corrientes y el país.

Es que entre búfalos hay un alto grado de consanguinidad, es decir que los animales se cruzan entre «parientes» lo que afecta distintos aspectos de la sanidad, productividad y calidad.

Por ello, la incorporación de genética mediante la inclusión de toros reproductores seleccionados en los rodeos se afianza como una estrategia clave.

En cuanto a la alternativa de la producción de leche de búfalos, comentó que no se produce leche por la baja cantidad que se obtiene, lo cual se relaciona directamente con el aspecto genético.

«Con inseminación artificial se pueden lograr búfalas que dan de 8 a 13 litros de leche, cuando actualmente se obtienen cuatro litros por búfala», manifestó.

Resaltó que, si se pretende ordeñar, más allá de aplicar genética, siempre una lechera se debe suplementar, pues la búfala pierde estado y luego no se preña y no daría la cantidad esperada de leche. 

En cuanto al manejo del búfalo, indicó que el uso de alambrado eléctrico es una herramienta de gran importancia para lograr una mayor mansedumbre y garantizar un óptimo manejo productivo.

Para finalizar, María Nilda Silva destacó que progresivamente se va superando la idea del búfalo como un animal rústico, que no requiere manejo ni bienestar, pues el que sea un animal con mucha capacidad de resistencia no implica que pueda mejorarse su aprovechamiento productivo.

«Optimizar las prácticas de manejo, con base en la adquisición de conocimientos y trabajo laborioso, es la clave para el despegue del búfalo», concluyó.

Por: República de Corrientes (https://www.republicadecorrientes.com/33715-se-consolida-en-la-provincia-el-modelo-productivo-mixto-vacuno-bubalino)

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