Neutralidad del carbono: ¿utopía o la nueva ola verde?

Un nuevo informe conjunto del BERD y la FAO muestra las vías para descarbonizar los sistemas agroalimentarios.

Un nuevo informe del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ofrece un examen exhaustivo de la descarbonización de los sistemas agroalimentarios, algo necesario y realizable.

El informe, titulado Investing in carbon neutrality: utopia or the new green wave? Challenges and opportunities for agrifood systems (Inversión en la neutralidad del carbono: ¿utopía o la nueva ola verde? Desafíos y oportunidades para los sistemas agroalimentarios), se basa en las perspectivas de una gran variedad de partes interesadas y establece cinco esferas de acción para avanzar en el programa de descarbonización.

El último informe sobre el clima de las Naciones Unidas nos recuerda que se acaba el tiempo para reducir las emisiones, frenar el calentamiento global y afrontar la crisis climática antes de que sea demasiado tarde. Los sistemas agroalimentarios del mundo deben hacer su parte.

Las emisiones de los sistemas agroalimentarios representan entre el 21 % y el 37 % de las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero, según las estimaciones efectuadas. Al mismo tiempo, el cambio climático afecta negativamente a los actores de los sistemas agroalimentarios de diferentes maneras, desde los pequeños agricultores hasta los grandes fabricantes de productos alimenticios. El aumento de las temperaturas, el cambio del régimen de lluvias y las perturbaciones de la cadena de suministro ya afectan a la producción de alimentos, lo que socava los esfuerzos mundiales para acabar con el hambre. En consecuencia, el número de personas que padecen hambre podría alcanzar los mil millones para 2050.

Estas vulnerabilidades son un duro recordatorio de la necesidad de transformar estos sistemas, afirma el Sr. Mohamed Manssouri, Director del Centro de Inversiones de la FAO. “Tenemos que intensificar y movilizar mayores inversiones, conocimientos e innovaciones para que nuestros sistemas agroalimentarios sean más ecológicos, resilientes, productivos y eficientes a la hora de proporcionar dietas saludables y nutritivas, buenos empleos y biodiversidad”, señaló.

“La agricultura es una causa y, al mismo tiempo, una víctima del cambio climático y debe formar parte de la solución al problema del clima”, añadió, señalando la posibilidad de utilizar los sistemas alimentarios y de uso de la tierra para reducir las emisiones y actuar como pozo de carbono. Solo el potencial económico de mitigación de las actividades agrícolas puede ser importante: según las estimaciones del Quinto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, puede alcanzar unas 4 gigatoneladas de equivalente de CO2 al año para 2030, lo que equivale a alrededor del 7 % del total de las emisiones antropógenas actuales. Esto podría redundar en beneficios económicos por valor de cientos de miles de millones de dólares.

El Sr. Gianpiero Nacci, Director de Estrategia Climática y Ejecución del BERD, declaró: “La descarbonización del sector agroalimentario es posible y no un ideal utópico o un ejercicio consistente en tachar casillas. Existen vías con bajas emisiones de carbono, como se destaca en el informe, pero exige un firme compromiso político e institucional, una actuación concertada, que comprenda políticas sólidas y una buena gobernanza, así como inversiones y recursos humanos específicos para ver resultados”.

¿Qué se puede hacer al respecto?
El informe sostiene que el sector privado tiene mucho que ganar con la descarbonización de los sistemas agroalimentarios, entre otras cosas, al reducir los costos, mitigar los riesgos, proteger los valores de marca, garantizar la viabilidad de la cadena de suministro a largo plazo y obtener ventajas competitivas.

También indica que algunas empresas se han comprometido a alcanzar objetivos ambiciosos en materia de reducción de emisiones. Pero los esfuerzos han sido desiguales. Por un lado, el logro de la neutralidad del carbono sigue siendo voluntario. Asimismo, puede ser considerablemente más caro para una empresa más pequeña conseguir la neutralidad respecto del carbono que para una grande. Y puede variar en función de los sectores.

Los consumidores no suelen estar dispuestos a pagar más por los productos neutros en cuanto a las emisiones de carbono, lo cual, combinado con un bajo precio implícito de emisión, significa que no todos los enfoques para reducir el carbono resultan beneficiosos para los actores de los sistemas agroalimentarios. Además, los costos de compensación, a los precios actuales del carbono, pueden ser mucho menores que los costos de reducción en los sectores que generan muchas emisiones.

En el informe se señalan cinco esferas de acción que muestran lo que pueden hacer las distintas partes interesadas —responsables políticos, agronegocios, agricultores y organizaciones internacionales— a fin de acelerar la transición hacia sistemas agroalimentarios más verdes: i) centrarse estratégicamente en la neutralidad del carbono; ii) mejorar y normalizar los instrumentos y métodos; iii) promover mecanismos de gobernanza sólidos; iv) apoyar directamente a las empresas y los agricultores en su intento de descarbonización; y v) educar e informar sobre la neutralidad del carbono.

Los gobiernos pueden marcar pautas mediante políticas, estrategias y hojas de ruta, incluyendo un firme compromiso en sus contribuciones determinadas a nivel nacional. Pueden regular las emisiones de carbono o brindar incentivos para la adopción de tecnologías con bajas emisiones de carbono y respaldar el desarrollo de mercados del carbono transparentes y eficientes. La medición de la neutralidad con respecto a las emisiones de carbono puede suponer un importante desafío para las empresas privadas. Los gobiernos pueden ayudar definiendo, simplificando y armonizando las normas reconocidas internacionalmente para la contabilización del carbono.

En el informe se indica que es extremadamente necesario contar con instrumentos y métodos más adecuados y normalizados para la recopilación de datos y la medición, notificación y verificación de las emisiones, así como disponer de mecanismos de gobernanza sólidos para orientar las inversiones con bajas emisiones de carbono y el cumplimiento por parte del sector privado. En particular, las mejoras con respecto a las normativas y las soluciones institucionales pueden conducir a un mayor desarrollo de los mercados del carbono y crear más oportunidades de financiación ecológica.

Los incentivos y la financiación en condiciones favorables, así como el desarrollo de los mercados del carbono y los instrumentos de financiación ecológica, pueden ayudar a las empresas y, en última instancia, a los agricultores a descarbonizar sus operaciones. El desarrollo de la capacidad y el intercambio de conocimientos en todos los niveles, desde los agricultores y las empresas hasta los proveedores de servicios y los consumidores, también revisten importancia. Una comunicación simple, más transparente y fiable en relación con la huella ecológica de un producto puede incidir en los hábitos de compra de los consumidores.

Generar cambios significativos
En 2020, el BERD adoptó un ambicioso enfoque de transición hacia una economía verde y desde 2021 ha financiado más de 2 000 proyectos destinados a reducir 100 millones de toneladas de emisiones de carbono al año. La FAO tiene por objeto ayudar a los países a alcanzar sus objetivos de desarrollo sostenible y, para ello, presta apoyo a los países a fin de promover el desarrollo de cadenas de valor con bajas emisiones de carbono.

El panorama de las inversiones está evolucionando, los bancos se están alineando con los objetivos de emisiones cero, y los gestores de activos procuran cada vez más descarbonizar sus carteras al tiempo que gestionan sus riesgos climáticos. Esto puede tener repercusiones de amplio alcance, desde las grandes multinacionales hasta el nivel de las pequeñas explotaciones agrícolas.

En este contexto, el BERD y la FAO creen que una nueva ola verde —mediante inversión, investigación, compromiso y acción— puede transformar radicalmente los sistemas agroalimentarios y generar cambios significativos con miras a lograr un futuro con bajas emisiones de carbono.

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