Momento y cantidad, dos variables esenciales para una correcta fertilización nitrogenada en maíz

Planificando lo que será la próxima gruesa, es clave hacer un correcto manejo de los nutrientes que se aplicarán en maíz.

Durante el mes de junio, Agenda Aapresid puso en escena, de la mano de especialistas, productores y empresas, información de punta para el cultivo de maíz a lo largo de las distintas regiones del país.

Dentro de las claves para maximizar el potencial del cultivo mencionaron a la nutrición balanceada. Puntualmente, la fertilización nitrogenada es crucial para alcanzar los rindes deseados en maíz. La forma, dosis y momento de aplicación del nutriente son aspectos cruciales a considerar para lograr una fertilización exitosa.

En este marco, el Nitrógeno ocupa un rol fundamental en la búsqueda de mayores rendimientos, pero especialistas destacan que es necesario dejar de utilizar viejas ecuaciones de aplicación y conocer los momentos óptimos para aplicarlo.

Calculando dosis
En nuestro país, la Urea es la fuente de nitrógeno más utilizada, que usualmente se aplica esparcida en cobertura total con o sin incorporación. Andrés Grasso (Fertilizar AC) comentó que el maíz “si bien recibe un enorme input tecnológico, la dosis de N se sigue calculando con la vieja ecuación: kg objetivo – N disponible en suelo”.

Para dimensionar los requerimientos del cultivo, Anibal Cerrudo (INTA) dio números rápidos: para 6 tn de maíz son necesarios 120 kg de N aproximadamente. El experto advirtió que si se fertiliza de más en situaciones que no se puede capitalizar el excedente, el N que entra al sistema y no es tomado por el cultivo podría moverse en el suelo hacia aguas subterráneas y/o emitir gases de efecto invernadero durante su metabolismo, provocando un impacto ambiental negativo.

Por ello, Nicolás Stahringer (Coordinador Red nutrición norte) y Diego Quintana (YARA) puntualizaron la necesidad de realizar análisis de suelo y calibraciones locales para ajustar la fertilización del nutriente, aunque esta recomendación se extiende a la nutrición balanceada en general.

Momento
Idealmente, la fertilización se debería realizar en los momentos de mayor demanda fisiológica del cultivo -que ocurre luego del estadío V5-V6 y se maximiza en torno a la floración-, y con condiciones ambientales adecuadas, particularmente de humedad, para mejorar la absorción y eficiencia de uso del fertilizante.

Rafael López, del área de desarrollo de Dekalb, comentó que trabajan con algoritmos para aplicar N fraccionado: 30% antes o cerca de la siembra, y el otro 70% ajustarlo en función de imágenes de índices de vegetación -NDBI- y hacer la aplicación lo más tarde que se pueda.

Aunque quisieran dilatar esa aplicación al inicio de la floración, las maquinarias actuales sólo permiten ingresar hasta V8-V9. Para híbridos nuevos, destacó la importancia de las fertilizaciones tardías para tener mayor impacto sobre el rendimiento.

Los especialistas alentaron a aprovechar las tecnologías disponibles de dosis variables de acuerdo a cómo viene la campaña. En ese sentido, Esteban Novello (Pioneer) explicó que hay herramientas de precisión para hacer fertilizaciones por ambiente y manejos según densidad.

“Esto tiene un impacto en no aplicar N de más cuando el año queda corto y cuando el año viene bueno poder capturar ese plus de ambiente”, señaló.

Ya sea que se opte por maximizar rendimientos en años o ambientes buenos, o se apunte a estrategias de plasticidad del cultivo -en años malos o ambientes marginales-, la buena nutrición es fundamental para poder tener buenos resultados. En general, para maíces de primera o segunda que vienen de antecesores como trigo o avena, la primera aplicación de N debería ser a la siembra, mientras que en maíces tardíos o de segunda sobre legumbres se puede retrasar la fertilización a la post emergencia.

A pesar de los mayores costos que suponen las aplicaciones particionadas, las proyecciones de precios internacionales competitivos, clima neutro favorable esperado para la próxima campaña y tecnología disponible, dan cuerda floja para considerar la estrategia dentro de las decisiones de fertilización.

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