Manejo, brechas de rendimiento y claves de nutrición

En el 6º Congreso de Maíz Tardío se abordó "Ecofisiología y manejo agronómico: Bases para mejorar los rendimientos de maíz tardío", donde compartió conocimientos María Elena Otegui (CONICET-INTA-FAUBA), con una charla dedicada a los "Factores claves de manejo en maíz tardío según la disponibilidad de agua".

«El maíz tardío vino de la mano de un paquete tecnológico que se asoció a los maíces protegidos contra insectos. El maíz Bt se lanzó en 1997 y ya por entonces se sabía que el agua era un problema muy crítico para el maíz y que, en general, los maíces de siembra temprana se veían muchas veces expuestos a deficiencias hídricas», describió, para plantear que en Argentina la posibilidad de siembra de maíz se extiende hasta tres o cuatro meses, «y la realidad es que a medida que uno atrasa lo suficiente la época de siembra, puede esquivar esa deficiencia hídrica por detrás».

Recordó que «los maíces tardíos recién comienzan a popularizarse a partir de 2008 y en muy poco tiempo escala hasta en el día de hoy ocupar el 50% del área sembrada». Hasta hace una década «el maíz estaba muy concentrado en el núcleo maicero argentino, norte provincia de Buenos Aires y sur de Santa Fe, y no pasábamos de las 3 millones de hectáreas y hoy estamos cerca de 9 millones de hectáreas, con un 50% temprano y un 50% tardío.

Otegui indicó que la incorporación del maíz tardío en la zona núcleo maicera «todavía es relativamente muy baja, no debe llegar al 20%, mientras que si nos vamos más hacia el oeste, donde empieza a faltar más agua, el maíz tardío ocupa más del 60% de la superficie».

Maíz tardío por zonas

Para la zona núcleo maicera, por las estadísticas de lluvias y tipos de suelo, se debería rever la decisión de mantener las fechas de siembra temprana, aunque aclaró que este cambio no necesariamente es aplicable a toda esa región.

«Hacia el oeste la recomendación es más rotunda hacia la siembra tardía, porque el período de lluvias es mucho más concentrado en el verano, y entonces lo que pasa en Córdoba o San Luis es que el productor no tiene humedad para sembrar y forzosamente está empujado a una siembra tardía. A eso se suma que sembrar temprano es exponer al cultivo a golpes de calor, entonces la decisión es muy clara: atrasar la fecha de siembra es la recomendación», alegó la profesional.

«En las zonas más húmedas, de 800 mm anuales, hacer un cultivo de segunda o un antecesor o un cultivo de servicio, hace que el maíz a través de los años logre la misma potencialidad de rendimiento y estabilidad que un maíz de siembra temprana. No hacer un cultivo antecesor de invierno en buena parte de la zona húmeda es un despropósito», aseguró.

La investigadora explicó que la última década se caracterizó por la repetición de muchos eventos La Niña, y se «producen Niñas a repetición, por ejemplo venimos de un año Niña y este se repite otra Niña, entonces hay que revisar más el agua en profundidad».

Maíces forrajeros

Para los maíces forrajeros, Otegui indicó que «la estrategia de manejo cambia totalmente porque una buena parte del problema del maíz tardío es su atraso en llegar a madurez y en secarse el grano». Y recordó que «a medida que nos alejamos de los puertos el maíz empieza a tener otro destino y el tema del secado deja de ser un problema, porque el maíz para silo se pica en madurez fisiológica, entonces el problema del secado tiende a desaparecer». También hay un cambio en los híbridos que se utilizan y «el que era muy bueno en la siembra temprana, puede no serlo tanto para la siembra tardía», razonó.

De las bondades del maíz para la sustentabilidad del ambiente, dijo: «El maíz es un cultivo muy voluminoso y de rendimiento, y basta ver el aumento de superficie sembrada, pasamos de 3 millones en 2008 a cerca de 9 millones en la última campaña. Eso me parece un buen síntoma. Hace poco más de una década hablábamos de la sojización y todos los problemas que traía, pese a ser siembra directa. Hoy tenemos mucha siembra directa, muchas gramíneas, estamos hablando de cultivos de servicio, con lo cual los cambios se empiezan a notar».

En cuanto a los niveles de fertilización, Otegui consideró que en Argentina no hay problema de exceso en uso de nutrientes como ocurre en otros puntos del planeta, y sobre el uso de productos transgénicos recordó que «fueron parte de la revolución de la agricultura», y apuntó que ya hay una segunda generación con tolerancia a sequía o a estrés abiótico que «ayudarán mucho a la agricultura, usando menos y de manera más inteligente los insumos».

«Brechas de rendimiento en maíz tardío y estrategias de manejo para su cierre»

Este análisis corrió por cuenta de Lucas Borrás (Corteva Agriscience, Farming Solutions & Digital).

Desde Johnston, Iowa, Estados Unidos, donde está desarrollando su actividad profesional, describió que a partir de información del CREA Sur de Santa Fe y AAPRESID, lograron diseñar un trabajo sobre las estrategias de manejo más efectivas para el maíz tardío.

A partir del cruce de información lograron determinar, por ejemplo, que cuando hay presencia de una napa cercana «es beneficiosa para un maíz temprano y negativa, en cuanto a rendimiento, para un maíz tardío, y negativos, principalmente, en años de alta precipitación», explicó Borrás.

Otro punto que aparece en los datos es la influencia del fósforo en el suelo: «Los lotes que tienen más fósforo en el suelo tienen más rendimiento, los lotes en que se aplican fungicidas tienden a tener más rendimiento y luego hay otros puntos tradicionales en el manejo de maíz como son la densidad y el uso de nitrógeno y otros nutrientes».

Sobre la densidad de siembra, recordó: «si nos quedamos cortos en densidad perdemos rendimiento y si nos pasamos de densidad también perdemos rendimiento. Hay que buscar la densidad óptima y ese dato va cambiando de acuerdo al ambiente que tenemos. En los mejores ambientes tenemos una densidad óptima más alta y en los ambientes más pobres debemos tener menos densidad, porque si nos pasamos empezamos a perder».

«No debemos bajar la densidad simplemente porque sea un maíz tardío, aunque generalmente lo hacemos porque los maíces tardíos se siembran en ambientes más pobres», reconoció.

Sobre el manejo de nitrógeno apuntó que AAPRESID realizó un par de ensayos en la zona núcleo (sur de Santa Fe, este de Córdoba y norte de Buenos Aires) y «lo que vimos fueron dos cosas básicas: en un ambiente mejor responde de mejor manera que en un ambiente peor, y lo otro que vimos es la cantidad de nitratos que tenemos en el suelo. Acá surge la necesidad de hacer un análisis al momento de la siembra para saber cuánto nitrógeno tenemos y determinar cuánto nos falta».

En cuanto al uso de fungicidas, Borrás aclaró: «no se utiliza tradicionalmente en gran medida en maíz, sin embargo con la gente de AAPRESID venimos llevando desde hace varios años ensayos, ya tenemos cinco ensayos por año en la zona núcleo, donde tenemos 10 a 15 genotipos. Tenemos a todos los genotipos con fungicidas y sin fungicidas. Año tras año vemos que, en promedio, hay un efecto positivo por el uso de fungicida que es de alrededor de 500 a 800 kilos».

En relación a la calidad del grano entre maíces tardíos y maíces tempranos, Borrás explicó: «El preconcepto es que el maíz temprano se llena en enero o febrero, con buenas condiciones de radiación, y el maíz tardío que florece en febrero se termina llenando en marzo, con condiciones de radiación mucho menores. Nosotros analizamos la calidad de los dos granos y en general no vimos grandes cambios entre tempranos y tardíos». En base a la información recolectada concluyó: «es mucho más relevante el efecto del genotipo que el efecto de la fecha de siembra sobre la calidad final del grano que estamos cosechando».

Hacia el futuro, Lucas Borrás sostuvo: «el maíz tardío llegó para quedarse, de eso no hay ninguna duda», y afirmó que «hoy está siendo lo que va a ser en el futuro, pero de manera más masiva».

Claves de la nutrición del maíz tardío

El especialista del INTA Oliveros y el CONICET, Fernando Salvagiotti, abordó el tema y describió: «el nitrógeno es un nutriente que va a marcar fuertemente el desarrollo de nuestro maíz tardío, porque hay mucha degradación del suelo, pero no nos olvidemos que hay otros nutrientes que también están deficientes, por ejemplo el fósforo».

También aseguró: «Sabemos que el nitrógeno va a hacer falta, porque tenemos altas demandas y queremos sostener una producción alta, pero pensemos que el fósforo, el azufre nos dan un marco y cada lote va a tener diferencia de rendimiento por no corregir estas deficiencias».

Salvagiotti consideró que «el maíz tardío nos da la oportunidad de pensar un poco más. Por lo general lo plantamos en un período de mayor temperatura, con un régimen hídrico diferente, y además ese maíz tardío a veces está solo, después de tres o seis meses con el barbecho anterior de la soja, y a veces está sembrado con trigo de segunda, con una cebada o con un cultivo de servicio».

Además planteó que una alternativa muy común es «sembrar maíz tardío para no fertilizar con nitrógeno, pero en los estudios que estamos realizando vemos que necesitamos corregir la cantidad de nitrógeno para poder aspirar a la máxima producción».

El especialista marcó la necesidad de terminar con algunos paradigmas de la agricultura nacional, como sembrar un cultivo por año, en el verano, y dejando desnudo el suelo en invierno. «Eso comenzó a cambiar en parte con la siembra directa y con los transgénicos que ofrecieron una facilidad de manejo extra».

Reconoció que «no es fácil hacer el maíz tardío, pero tenemos que cuantificar y tener herramientas y recursos para su implantación. Además, no nos tenemos que quedar en el maíz tardío, la vicia y el maíz tardío, el trigo y el maíz tardío, lo importante es lo que viene después. Tenemos que correr al maíz y pensar en la dinámica del suelo y el cultivo».

Finalmente el investigador del INTA y del CONICET planteó que «el desafío de Argentina es invertir en lo que es el desarrollo de ciencia y tecnología, en la integración público privada y en tener mucho trabajo con los productores».

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