Legumbres, una alternativa rentable para el Valle Inferior

En un contexto de creciente demanda, un grupo de investigación del INTA Valle Inferior y de la Universidad Nacional de Río Negro –Sede Atlántica– evalúan las variedades de porotos y arvejas con buenos rendimientos en la región. Además, destacan su aporte nutricional y funcional tanto para la alimentación humana como animal.

Si bien el cultivo de legumbres en la Argentina se concentra principalmente en el Noroeste del país y en las cercanías de la ciudad santafecina de Rosario, las condiciones edafoclimáticas del Valle Inferior de Río Negro demuestran ser propicias para su producción.

Así, porotos, habas, lentejas y arvejas son algunas de las legumbres que despiertan, cada vez más, el interés por su aporte nutricional y funcional tanto para la alimentación humana como animal. Frente a una creciente demanda de estos cultivos, investigadores del INTA Valle Inferior y de la Universidad Nacional de Río Negro –Sede Atlántica– las destacan como una alternativa productiva rentable.

“En esta zona, normalmente las legumbres se cultivan en pequeñas superficies destinadas a huertas familiares, aunque recientemente se evaluaron distintas especies en superficies mayores con resultados productivos y de calidad destacados”, señaló Juan José Gallego, investigador del INTA Valle Inferior.

Los ensayos realizados con el cultivo de arvejas, forman parte de las evaluaciones de variedades y productividad que realiza la red nacional de INTA en diferentes zonas del país. Para esta región, la variedad con mejor adaptación fue Facón – posee un grano de color verde– y los rendimientos obtenidos promedian los 1.500 kg/ha con máximos y mínimos de 2.000 y 600 kg/ha según la variedad utilizada.

En el caso de los porotos, se llevó a cabo un ensayo comparativo de diferentes especies en la que se determinó el rendimiento en grano de 700 kg/ha para Mug; 1.500 Kg/ha para Crenberry, 1.700 kg/ha en Red Park y 2.500 kg/ha para el poroto negro (Phaseolus vulgaris). Asimismo, los valores de proteínas obtenidos para cada variedad fueron de 23% en Mung, 22% en Red Park y Negro, y 20% en Cranberry.

En ambos casos, el equipo de investigación de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Valle Inferior y de la UNRN evaluaron el efecto de diferentes fechas de siembra en la productividad de esos cultivos y se proponen analizar la incidencia de distintas prácticas de manejo que afectan de alguna manera el crecimiento y desarrollo de los cultivos.

La importancia de evaluar estas y otras legumbres a nivel regional radica principalmente en diversificar los sistemas productivos y utilizarlas como fuente de proteína alternativa en la alimentación.

Para María Fany Zubillaga, docente investigadora de la UNRN, las legumbres son demandadas por gran parte de la población mundial por su valor nutritivo y porque promueven la salud disminuyendo el riesgo de enfermedades crónicas. “En la actualidad, el concepto de alimento está basado no sólo en su aporte de nutrientes sino también en los beneficios que proporciona para la salud, y en este sentido, las legumbres, despiertan interés por su contenido de proteína y por sus aportes de carbohidratos, vitaminas y minerales”, señaló.

De acuerdo con los investigadores, hay estudios biológicos sobre los porotos cocidos que determinan que la calidad de las proteínas puede llegar a ser de hasta el 70% comparada con una proteína testigo de origen animal.

Legumbres, tan accesibles como saludables
Las legumbres son componentes esenciales de un costo accesible para una dieta saludable y su producción resulta una alternativa rentable para la región. “La harina de estas legumbres es libre de gluten y podría ser aprovechada por la planta piloto de la Universidad Nacional de Río Negro para agregarle valor al cultivo y desarrollar una harina que sea apta para personas con celiaquía”, destacó Zubillaga.

En ese mismo sentido, otra ventaja de la producción regional de estas leguminosas sería la posibilidad de incidir en la reducción de los costos del componente proteico en las dietas animales, ya que estos provienen de sectores alejados del país e implican un gasto considerable de flete.

Para Gallego, el cultivo de legumbres también cumple un rol importante en la sustentabilidad de los sistemas productivos. “Estas leguminosas tienen la particularidad de formar en sus raíces una asociación simbiótica con bacterias presentes en los suelos que tienen la característica de fijar nitrógeno atmosférico. Esta simbiosis se manifiesta en las raíces como nódulos y le permiten a la planta disponer de nitrógeno de dos vías naturales, la proveniente del suelo y la biológica de la simbiosis”.

En este sentido, esta estrategia permitiría de algún modo reducir la dependencia de insumos externos como lo son los fertilizantes nitrogenados inorgánicos en pos de favorecer la biodiversidad y sustentabilidad del ambiente.

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