Lanas gruesas y la dificultad de identificar claramente el problema

El ingeniero agrónomo Gianni Bianchi señaló recientemente la preocupación por el engrosamiento que una proporción importante de las lanas que se cosechan en Uruguay presentan en la actualidad.

“El punto central no era, ni es, señalar qué mal está el Corriedale y detrás de ello los productores que crían esa raza”, explicó.

Lo verdaderamente importante entiende el profesional, “es qué hace el país, no ya algunas raza o razas, con un volumen actual de lana de más de 28 micras que ronda los 10 millones de kilo base sucia (42% del total de lana producida anualmente en el Uruguay) y que es muy difícil colocarlo en el mercado internacional. Y esto no lo digo yo, lo dice la industria y hace muchos años. Sobre este punto es que se debería debatir y encontrarle un destino económicamente razonable para todas las partes”.

Es otra discusión, “que no me niego a darla”, aclara Bianchi, “qué pasó para no ver con anticipación lo que las señales del mercado lanero venían mostrando hace muchos años. Y ahí sí surge inevitablemente la necesidad de preguntarse qué hacer para adelante con la raza, que en mayor proporción explica la producción de ese tipo de lanas”, acota.

Tradición y susceptibilidad

Y para Bianchi “esto también hay que discutirlo, porque si bien la gestión es primordial y hasta cierto límite independiente de la raza, cuando una parte importante de los ingresos de lo que produce una raza, sea de la especie que sea, no tiene salida en el mercado o su salida es a costo de malvenderla, es evidente la necesidad de discutir qué hacer para mejorar su posicionamiento en el mercado”.

De lo contrario, “si no hacemos nada, quedará representada en aquellos que hacen muy bien las cosas (que son pocos y esto es fácilmente demostrable), en quienes proveen de genética y en donde la tradición tiene un peso significativo y no importa si se factura y cuánto se factura con la oveja. Porque en los lugares donde se venden 30 corderos pesados y 100 ovejas encarneradas el año anterior (que no son pocos), se produce lana de 29-30 micras y se vende alguna que otra oveja vieja (si no es consumo del predio), tienden a la extinción o cambian drásticamente si es que se mantienen en el rubro”, expresa el entrevistado. “Y cambiar drástica y económicamente manteniendo el rubro en esos lugares, se hace afinando por absorción con razas de lana fina o se sigue de largo con razas que produzcan más corderos y carcasas más pesadas. Claro en este último caso, persistirá la necesidad de buscarle un destino a la lana gruesa remanente de esos sistemas carniceros”.

Pero además, Gianni Bianchi sostiene que “hay otra razón que se suele pasar por alto cuando el nivel de susceptibilidad es grande, frente a cualquier análisis crítico que se realice sobre la raza Corriedale. Esta raza representa cifra más, cifra menos, 4 de cada 10 ovejas existentes hoy en el Uruguay. Es decir, que más allá de los corriedalistas y de una suerte de orgullo que puede haber por ser aún la raza mayoritaria, hay también una responsabilidad sobre todo el rubro que no se puede ignorar”.

“Cuando se analizan los magros indicadores productivos del país, cualquiera sea el coeficiente que se elija, es la raza que más contribuye a explicarlos. Claro que hay otras, pero representan bastante menos del stock total. En el acierto o en el error, mucha gente (sobre todo no vinculada necesariamente al rubro, pero igual o más importante que los ovejeros), saca conclusiones de si el rubro sí o no, en función de los resultados económicos que muestra la oveja en el país, y el Corriedale continúa explicando parte importante de ese país ovejero”, indica.

Otras razas

Respecto a las otras razas que contribuyen en mucho menor cuantía a esos 10 millones de kilos de lana sucia con más de 28 micras, “a los que hacíamos referencia al principio de la nota, hay diferencias sustanciales. El ingreso mayoritario de su producción es por carne, aunque también decíamos y repetimos que no era despreciable el ingreso por lana. Son productores que están produciendo carne ovina y lo hacen de una manera muy eficiente, con indicadores que nada tienen que envidiarles a los países de vanguardia en la materia”.

Pero aclara el profesional que “están teniendo inconvenientes con la lana que producen, algo que representa muy poco del ingreso del rubro, pero que se está transformando en un problema. Son cada vez más los que están guardando zafras en el galpón porque no hay precio o porque su precio es irrisorio. La esquila tiene su costo (y yo no voy a discutir lo que vale el trabajo de nadie, pero cada vez pesa más en ese tipo de lanas), la lana también tiene sus inconvenientes y si no genera ingreso, o este es mínimo y a ello agregamos algunas señales de la industria de la carne que no han sido claras en los últimos dos años, entonces puede pasar que, aun en sistemas intensivos con excelentes coeficientes técnicos, muy lejos de la media inamovible nacional, se plantee quitarle revoluciones al rubro o directamente abandonarlo”, dijo.

“Esto no es terrorismo verbal, ni menos algo que desee o aliente”, precisa Bianchi. “Mi posición es más bien todo lo contrario. Pero ser productor ovejero, va más allá de la pasión que tengan (o tengamos, aunque no soy productor) algunos. Como cualquier otra actividad de la que se pretenda vivir dignamente, es por plata y si no se factura de acuerdo a las expectativas y sobretodo se es competitivo frente a otros rubros que ya han embretado la oveja al norte del país, el riesgo es real”.

Discutir entonces sobre estos temas, “lejos de pretender tirar piedras contra determinada raza y los productores que la explotan, es por el futuro de la oveja. No basta con señalar un año y otro también, que en este país caben 10-12 millones de ovinos. No alcanza con mostrar las virtudes de la especie, ni hacer jornadas con los mismos de siempre que están convencidos. Hay que demostrarle a cualquiera esté o no en el rubro, que con la oveja se puede vivir muy bien, además de constituir una pasión. Y para eso resulta imprescindible no solo mejorar masivamente (no en cuenta gotas) los indicadores productivos, cosa que se puede hacer, sino encontrarle una salida razonablemente competitiva a las dos producciones más importantes que tiene la oveja en Uruguay, la lana (toda la lana) y la carne”.

Los desafíos por el lado de la carne, además de productivos que no son menores, “pasan por señales claras por parte de la industria que no ofician de freno, sobre todo a aquellos que están haciendo las cosas muy bien, pero que no han encontrado una contraparte industrial que acepte y valore como corresponde la producción de carcasas súper pesadas y magras (sin límites de peso) todo el año”.

Ventajas de la lana

Bianchi establece que “está claro que tenemos ovejas (y antes productores), que producen lana (casi 10 millones de kilos) que no sirve para vestimenta, pero sí, sin ir más lejos, para la industria de la construcción”. En este sentido, “la lana presenta características únicas que se deberían aprovechar: es natural, con todo lo que ello conlleva: renovable, sostenible, biodegradable, reciclable; es segura, presenta una importante resistencia natural al fuego, siendo difícil de encender y se auto extingue formando un carbón fresco, pero además, reduce la electricidad estática casi al doble de lo que lo hace el nylon, acrílico o polyester; es sana: absorbe y bloquea los contaminantes del aire más que ninguna otra fibra y es de las fibras más aislantes, no solo desde el punto de vista térmico, sino también acústico”.

Como si todo eso fuera poco, “las emisiones de CO2 en su producción son bajas y por tanto el impacto ambiental es considerablemente menor, siendo además de las fibras más eficientes en el uso de la energía”.

En un resumen reciente elaborado por el Ministerio de Industrias Primarias de Nueva Zelanda “se compartían muchas de las características únicas de la lana que señalamos, planteando el beneficio de su uso en diferentes ramos de la construcción. El informe finalizaba señalando que elegir productos de lana de Nueva Zelanda reduce las importaciones y genera un empuje al desarrollo económico local”.

Para el ingeniero agrónomo Gianni Bianchi “está claro que el ovino en Uruguay no tiene el grado de visibilidad que tiene, por ejemplo, la carne vacuna o la forestación más cerca en el tiempo, pero tiene una importancia social que no se puede pasar por alto y que amerita ponernos a trabajar en búsqueda de alternativas que agreguen valor a esa producción nacional que hoy, en el mejor de los casos, se malvende”.

Fuente.  Portal El Telégrafo (https://www.eltelegrafo.com/ )

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