La verdadera incidencia del precio de los granos en el bolsillo de los argentinos

En los últimos meses se registró una tendencia alcista en los mercados internacionales, vinculada a distintos factores relacionados con la oferta y la demanda global. Cuál es la influencia real del valor de los granos en las góndolas. La Bolsa de Cereales preparó un informe.

En los últimos meses se registró una tendencia alcista en los mercados internacionales, vinculada a distintos factores relacionados con la oferta y la demanda global, así como los mercados financieros, que impactó positivamente en los precios domésticos de los granos.

Este aumento del precio de los granos revivió preocupaciones sobre el impacto de los mismos en los precios de los alimentos derivados de trigo y maíz en el mercado interno. En consecuencia, se adoptaron diversas medidas de política agropecuaria con el objetivo de desacoplar el precio doméstico del internacional. En este punto resulta importante destacar que muchas de las medidas ya han sido llevadas a la práctica en nuestro país en distintos períodos históricos, siendo el más reciente el comprendido entre los años 2002 y 2015, donde se implementaron: derechos de exportación, tipos de cambio diferenciales, restricciones cuantitativas a la exportación, límites máximos de precios internos y compensaciones.

Contrariamente a los resultados esperados, las mismas no tuvieron efectos relevantes en el precio de los alimentos y el bienestar de los consumidores (Calvo, 2014); al tiempo que provocaron distorsiones que afectaron el normal y transparente funcionamiento de los mercados, impactando negativamente sobre los incentivos para producir y el bienestar de los productores. En el mediano plazo, estas medidas resultaron en menor área sembrada e inversión en tecnología, lo que provocó una caída de la producción y la oferta de granos en el mercado doméstico, y precios superiores a los registrados al momento de adoptarlas.

El caso paradigmático ha sido el del trigo argentino. Como consecuencia de los derechos de exportación y las restricciones a la exportación, los productores llegaron a recibir apenas el 50% del precio internacional. La caída en la rentabilidad del cultivo, sumada a la incertidumbre que introducían las restricciones a la comercialización, llevaron a los productores a reducir el área sembrada, especialmente en las zonas más alejadas de los puertos y con menor potencial de rendimiento, hasta alcanzar los valores más bajos de producción con 7,9 Mtn en la campaña 2009/10. Los efectos negativos sobre la oferta continuaron en las campañas siguientes, y en el 2013 el trigo argentino paso de ser el más barato a convertirse en el más caro del mundo. Durante ese año, se llegaron a negociar contratos por un valor superior a los 600 dólares por tonelada en Argentina, cuando a nivel internacional el valor promediaba los 310 dólares por tonelada.

Teniendo en cuenta la evidencia existente sobre los efectos negativos de los derechos y restricciones a las exportaciones sobre la producción de los bienes afectados y, en consecuencia, sobre los precios de los alimentos en el mediano plazo; en este documento se avanzará sobre los bajos efectos de estas políticas sobre los precios y el bienestar del consumidor incluso en el corto plazo. Para esto, se analizará la incidencia del precio de los granos en el precio de los productos derivado.

Resultados
Al aplicar la metodología descripta en el Anexo, se obtienen las participaciones de los granos en el precio de los bienes de consumo básicos que se observan en la Figura 1. En promedio, de los productos seleccionados para maíz este representa el 12% del precio final. En particular, el maíz representa el 21% del precio del pollo entero de precios cuidados, 13% de los huevos, 12% del pollo trozado, 10% del pechito de cerdo, 8% de la leche y 7% del asado. En tanto, el trigo representa el 13% del precio del pan. Por lo tanto, en los productos estudiados más del 80% del precio al consumidor no depende del precio doméstico de los granos, sino que responde a otros costos, tales como salarios, energía, alquileres, utilidades, impuestos, fletes y otros costos de distribución, que acompañan la evolución del nivel general de precios de la economía.

Esto significa que, por cada reducción del 1% en el precio doméstico del maíz, se generaría una reducción potencial del 0,21% en el precio del pollo entero de precios cuidados, 0,13% de los huevos, 0,12% del pollo trozado, 0,10% del pechito de cerdo, 0,08% de la leche y 0,07% del asado. En el mismo sentido, una reducción del 1% en el precio doméstico del trigo, provocaría una reducción potencial del 0,13% en el precio del pan. Los precios al consumidor final dependen de múltiples factores, que se ven potenciados por un contexto inflacionario, por lo que en la práctica estas bajas pueden ni siquiera observarse.

Figura 1: Participación de los granos en los bienes de consumo básicos

Fuente: Elaboración propia en base a datos provenientes del Indec, FAIM, Cámara Arbitral de Rosario, Coto Digital y Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca

Impacto sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC)
En esta sección se cuantifica el impacto del aumento del precio del maíz y el trigo sobre el IPC. Para ello se consideraron los rubros del IPC CABA presentados en la Tabla 1, los cuales corresponden a productos cuyos costos de producción están asociados al trigo o el maíz.

En diciembre de 2020, los alimentos de interés para este trabajo registraban una ponderación de 5% en el IPC. Es decir que un incremento del 1% del precio de estos alimentos tendría una incidencia de 0,05 puntos porcentuales (p.p.) en el índice de inflación.

Siguiendo este razonamiento, si el precio del maíz y del trigo registrara un incremento del 30% y la participación de estos en los bienes de consumo básico estudiados es de 11,9%, según surge de la sección anterior, la incidencia sobre el IPC sería de solo 0,163 p.p. (0,3 * 0,05 * 0,108). El cálculo análogo podría realizarse al multiplicar el incremento del precio de los granos (30%) por la incidencia del maíz y trigo sobre el IPC (0,55%).

Durante el año 2020 los precios del trigo y el maíz aumentaron un 80% y 91% respectivamente. Este aumento explicó solo 0,48 pp de la suba del IPC de la Ciudad de Buenos Aires, que mostró un incremento del 30,5% interanual en el mes de diciembre de ese año. El cálculo surge de multiplicar la variación de los precios de los granos por su porcentaje de incidencia.

De esta manera, a través de los productos analizados, la suba de los precios de los granos representó solo el 1,57% de la inflación del 2020. El restante 98,43% se debió a factores distintos al comportamiento del trigo y el maíz.

Tabla 1. Peso en canasta de IPC de bienes con costos vinculados a maíz y trigo

Fuente: IPC-CABA. Datos de Dic-20 corresponde a una estimación propia

Comentarios finales
De este trabajo puede concluirse que el precio de los granos representa un porcentaje relativamente bajo del precio final de los alimentos, y por lo tanto tienen una incidencia menor en el Índice de Precios al Consumidor. La mayor parte del mismo está relacionada con otros insumos y costos, como salarios, energía, alquileres, fletes, impuestos, utilidades y otros costos de distribución. Por tanto, políticas dirigidas a evitar una suba en el precio de los granos no tendrán efectos significativos sobre los precios de los bienes de consumo. Una política destinada a combatir las causas de la inflación, incluida la de alimentos, debería basarse en otras herramientas de política monetaria, cambiaria y fiscal.

Como contrapartida al bajo impacto sobre los precios de los alimentos en el corto plazo, políticas como controles de precios, derechos de exportación y restricciones cuantitativas a las exportaciones, redundan en efectos negativos sobre la producción y reducen las oportunidades de hacer frente al alto riesgo climático que enfrentan los productores. Lo que resulta en una menor oferta y mayores precios en el mediano plazo, afectando también negativamente el bienestar de los consumidores: resultados contrarios a los deseados. Los efectos negativos son mayores en los casos de restricciones cuantitativas. De esta manera, estas políticas no parecen ser las adecuadas desde el punto de vista del bienestar general de la población, resultando en grandes pérdidas de eficiencia. A cambio de pequeñas ganancias de corto plazo en el bienestar del consumidor, se afecta negativamente el bienestar de todos los actores en el mediano plazo.

Debe tenerse en cuenta, asimismo, que las ganancias de corto plazo están limitadas por la duración del ciclo productivo, especialmente en el caso de la carne bovina.

Finalmente, si el objetivo buscado es mitigar los efectos negativos de los aumentos de precios de alimentos sobre los consumidores, son las políticas de subsidios a la demanda las que mejores resultados han mostrado en términos de eficiencia y equidad, tal cual lo muestran experiencias internacionales de ayuda alimentaria como los cupones de alimentos de la Ley Agrícola de Estados Unidos. Las nuevas tecnologías permiten hoy llegar de manera sencilla a quienes necesiten de la política, segmentando adecuadamente por la situación socio-económica de cada consumidor (nivel de ingreso, educación, ocupación, hijos, etc.).

Bibliografía
– Calvo (2014), “Welfare impact of wheat export restrictions in Argentina: non-parametric analysis on urban households”. UNCTAD.

– Ciani (2018), “Variables de cálculo del consumo interno de maíz en Argentina”. Ministerio de Agroindustria, Subsecretaría de Mercados Agropecuarios.

– Regunaga y Tejeda (2015), «La Política de Comercio Agrícola de Argentina y el Desarrollo Sustentable”. ICTSD.

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