La napa, amenazas y oportunidades: experiencias de productores de Región Pampeana

Aumentar la productividad y el consumo de agua disponible, así como el de mitigar los problemas de anegamiento y salinización, es el desafío.

En los últimos años, la Región Pampeana se vio afectada por excedentes hídricos y ascenso de las napas freáticas, lo cual se convirtió en una oportunidad que, si no es aprovechada, se vuelve una amenaza.

En el marco del 29° Congreso de Aapresid “Siempre Vivo. Siempre Diverso”, la Ing. Agr. Suyai Almirón (Coordinadora Técnica del Sistema Chacras Aapresid) dio paso a los integrantes de las Chacras Justiniano Posse, América y Los Surgentes, para que cuenten su experiencia.

Desde el sur de la provincia de Córdoba, Fernando Tous (Chacra América), explicó que a partir del año 2008 comenzaron a evaluar la profundidad de la napa para conocer su variabilidad y para ello instalaron 6 freatímetros en distintos lotes del campo. En la región los suelos son planos con escasa pendiente y llueve 800 mm promedio, con una estación seca en invierno.

Contrastando los valores de precipitaciones con los datos que arrojaban los freatímetros durante varios años, veían un movimiento ascendente y descendente de la napa. Los años llovedores llegaba hasta los 40 cm y en los más seco bajaba hasta los 2 metros.

A partir de ello, diseñaron un modelo digital de diferentes cuencas dentro del proyecto Chacras, a fin de poder predecir el movimiento superficial de los excedentes hídricos en el lote, evaluar que manejo realizan en cada situación y planificar de antemano la rotación.

Lo que pudieron concluir es que la intensificación de la rotación les permite evitar que los suelos sigan deteriorándose e ingresar el período de concentración de lluvias (primavera-verano) con una napa más alejada, dándole la oportunidad a los excedentes hídricos que infiltren en el suelo.

En el caso de la Chacra Justiniano Posse, Francisco Rubio contó que, en los últimos 100 años, las precipitaciones aumentaron de 750 mm a 900mm. Ese escenario, y la napa cerca de la superficie, transformó muchas áreas improductivas explicado también por el cambio en el uso del suelo.

Enfrentando esos desafíos, a nivel regional comenzaron a canalizar las vías de escurrimiento para evacuar rápidamente los excedentes hídricos.

También intensificaron las rotaciones para mantener a raya la napa y evitar el ascenso capilar de sales. En ese sentido, aprendieron que la debían pensar como algo flexible, planificándolas año a año según sean las necesidades del lote y la rentabilidad de los granos. Bajo ese esquema, los cultivos de verano se han vuelo más estables en su rendimiento.

Comparando vicia y trigo, Rubio comentó que la leguminosa como cultivo de servicio presenta la ventaja de aportar nitrógeno biológico y biodiversidad al sistema. La contra es que afecta el rendimiento de soja en el corto plazo, además de aumentar los costos de la rotación y logística. En el caso del cereal, obtienen mayor margen bruto por hectárea, un buen control de malezas y mayor estabilidad en soja de segunda. La desventaja son los pocos materiales tolerantes a frío en pasto, gran variabilidad en los rendimientos de trigo y mayor dependencia de los fertilizantes nitrogenados.

En el sudeste de la provincia de Córdoba, Héctor Miotti (Chara y Regional Aapresid Los Surgente Inriville) dijo que la topografía del terreno tiene poca pendiente, y en épocas de abundantes precipitaciones, con la napa cerca, el agua no tiene salidas en el lote, “son todos charcos”, apuntó.

Analizando los freatímetros y las lluvias, encontraban que la napa se movía diferente ante los mismos eventos. Y es allí, cunando en 2010 decidieron formar la Chacra. Junto al INTA Manfredi, comenzaron a analizar imágenes aéreas para ver en que zonas infiltra más el agua y en cuales menos.

Los modelos digitales les permitieron ver los excedentes hídricos y con esa herramienta ajustan las especies que componen la rotación. En algunos ambientes implantas pasturas perennes, agropiro, festuca y raygrass en los peores manchones con sodio. En otros hacen doble cultivo, vicia en los lugares que no se encharcan y sorgo con resultados muy buenos. Así alcanzaron a consumir el agua, y con mayor cobertura en el suelo limitan la evaporación.

Un problema común de los tres casos es el afloramiento de sales en superficie. Los análisis de suelo y de napa (salinidad, proporción de sodio intercambiable y pH), les ha permitido identificar la situación de cada ambiente y ajustar las prácticas de manejo.

Reforzando las experiencias anteriores, Horacio Vilella (INTA Laboulaye) dijo que, conociendo las características del tipo de suelo y napa, se pueden definir ambientes que van de alta a baja productividad y adoptando diferentes estrategias en función de ello.

Vilella habló de napas óptimas (CE menor a 4 dS/m, bajo sodio y prof. mayor a 1m) y letales (CE mayor a 4 dS/m, alto sodio y prof. menor al metro) que interactúan con las raíces de las plantas.

La estrategia para reducir el ascenso capilar de agua y sales, es tener cultivos todo el año. Y para aumentar la infiltración es indispensable generar cobertura y eliminar impedimentos físicos del suelo de origen antrópico.

Como reflexión final, Vidella resaltó “el ascenso generalizado de las napas en una región muy amplia generó cambios en los agroecosistemas que requieren la comprensión del funcionamiento napa-suelo-cultivo-clima específicos para cada lugar. Adaptar el manejo de cultivos a la situación de recarga hídrica de cada ambiente es clave para ser económicamente rentable y ambientalmente sustentable”.

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