La Biotecnología agrícola le dejó al país 20.000 millones de dólares

En la década 1996-2005 se transformó la agricultura argentina. Nuestro país es el 2º productor de estos cultivos, después de Estados Unidos. La biotecnología generó 1 millón de empleos. Pasado exitoso. Futuro incierto.

""Desde la introducción del primer cultivo genéticamente modificado -la soja tolerante al herbicida glifosato- en el año 1996, la Argentina se transformó en el segundo productor mundial de este tipo de cultivos, detrás de los Estados Unidos. Hoy se siembran en nuestro país más de 17 millones de hectáreas con cultivos GM, que en la última campaña agrícola llegaron a representar más del 90% del área cultivada con soja, cerca del 70% del área de maíz y alrededor del 60% en el caso del algodón.
Un trabajo realizado por los Dres. Eduardo Trigo y Eugenio Cap, para el Consejo Argentino para la Información y el Desarrollo de la Biotecnología, ArgenBio, presentado este martes, evaluó el impacto de los diez años de adopción de los cultivos genéticamente modificados en la Agricultura Argentina. Los autores concluyeron que este proceso de incorporación de nuevas tecnologías tuvo un profundo impacto de transformación en la agricultura argentina y, más allá de ésta, en toda la economía del país.
Los beneficios totales generados por los tres cultivos, estimados en base al modelo matemático de simulación SIGMA desarrollado por el INTA, fueron calculados en más de 20 mil millones de dólares.
En el caso de la soja tolerante a herbicida, los beneficios netos acumulados para la década 1996-2005 alcanzaron a los 19,7 mil millones de dólares, distribuidos de la siguiente manera: 77,45% para el sector productivo, 3,90% para los proveedores de semilla, 5,25% para los proveedores de herbicida y 13,39% para el Estado Nacional (en forma de derechos de exportación, aplicados desde 2002).
En el caso de los maíces con resistencia a lepidópteros (Bt), el beneficio total acumulado para el período 1998-2005 alcanzó a los 481,7 millones de dólares, distribuidos de la siguiente manera: 43,19% para el sector productivo, 41,14% para los proveedores de semilla y 15,67% para el Estado Nacional.
Finalmente, en el algodón con resistencia a lepidópteros (Bt), el beneficio total estimado para el período 1998-2005 fue de 20,8 millones de dólares, con la siguiente distribución: 86,19% para el sector productivo, 8,94% para los proveedores de semilla y 4,87% para el Estado Nacional.
En ganadería bovina, en la década 1996-2005, como contrapartida de la expansión de la soja y el fuerte incremento en los valores de la tierra, el área con pasturas se redujo en más de 5 millones de hectáreas. Sin embargo, mediante la adopción de tecnología, se produjeron incrementos de productividad que compensaron esta reducción del área ganadera, lográndose mantener los volúmenes de producción total de carne, al tiempo que se recuperaron los de leche (en ambos casos, con saldo positivo neto para el período, pudiéndose estimar un beneficio acumulado para el período de casi 600 y 130 millones de dólares respectivamente).
En el plano social, el trabajo sostiene que la liberación de los materiales de soja tolerante a herbicida habría contribuido a la generación de casi 1 millón de empleos (a nivel de toda la economía), es decir, un 36% del total del incremento registrado para el período en cuestión.

“El pasado fue exitoso, el futuro es incierto”
“El futuro difícilmente pueda ser asumido como una simple proyección del pasado”, señaló Eduardo Trigo, quien explicó que “es difícil que los factores que convergieron en el caso de la soja tolerante a herbicida se vuelvan a repetir. “Un análisis de los futuros desarrollos sugiere que, en los próximos años, prevalecerá un flujo de innovaciones incrementales cubriendo cada vez más especies y características, antes que innovaciones radicales, como fue la soja tolerante a herbicida.
“Los beneficios vendrán más por la amplitud del proceso de incorporación de nuevas tecnologías que por el aporte de un evento transformador como parece haber sido el caso hasta ahora”, adelantó Trigo, quien destacó que “por otra parte, y esto es quizás lo más importante, también parece haber cambiado el ritmo con que las innovaciones se hacen disponibles en el país y la posición que el mismo ocupa como productor de este tipo de cultivos. Mientras que al comienzo del ciclo las innovaciones estaban disponibles en la Argentina prácticamente al mismo tiempo que en los países que las originaban, en la actualidad los tiempos de transferencia están siendo cada vez más largos e imprecisos, con lo cual se pierden muchas de las ventajas que se podrían obtener por ser innovadores tempranos en los mercados mundiales”, analizó.
“Estamos entrando a un nuevo ciclo biotecnológico, y la nueva dinámica de la biotecnología indica que, si no resolvemos las asignaturas pendientes, no vamos a seguir ganando lo mismo, por el contrario, vamos a perder. Estos son temas que deben ser asumidos por toda la comunidad agropecuaria, si es que el país ha de continuar aprovechando los beneficios que ofrecen las nuevas tecnologías en esta etapa de su ciclo de desarrollo”, concluyó Trigo.

Se puede acceder al trabajo completo en: http://www.argenbio.com/h/nuevo_estudio/10anos.php

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