Es necesaria una nueva política ganadera

Es claro que ante cualquier indicio de recuperación de la autonomía de la política en beneficio del conjunto de la sociedad, los tradicionales actores del neoliberalismo se niegan a aceptar cualquier forma de intervención del estado.
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Es falso e irracional creer que el mercado actúa con libre competencia y resuelve en beneficio del bien común.
 
Es por esto que la Federación Agraria Argentina siendo coherente con su historia y contemplando la necesidad de estabilidad de precios con adecuada rentabilidad para los actores productivos, FIRMO (y no borró) EL CONVENIO DEL SECTOR GANADERO porque entiende que es necesario el ejercicio de un nuevo rol del estado para buscar el equilibrio en todo el sector: consumidores, productores, consignatarios, industria.
 
La Entidad nunca confundió su punto de vista con el del país. Siempre nos importó ir más allá y procurar el desarrollo armónico y soberano del conjunto de la sociedad. No caemos en mezquinos intereses sectoriales que impiden la realización del pueblo argentino.
 
Por eso no solo firmamos el CONVENIO, sino que siguiendo el mandato del Congreso de la Entidad, las resoluciones de su Consejo Directivo Central y de la Comisión Interna de Ganadería, entendemos que se debe avanzar hacia:
 
      La elaboración y puesta en marcha de un Plan Ganadero Nacional con una visión integral. Proponemos que el financiamiento del mismo sea a través de créditos de honor provenientes de un fondo constituido por las retenciones, mientras estas perduren en el actual contexto económico y social. Además solicitamos, especialmente, que se contemple la recuperación de los rodeos de los pequeños y medianos productores en base a un conjunto de medidas basadas en el relevamiento y estratificación del sector.
 
      La implementación de un precio mínimo sostén obligatorio y en origen para el ganado en pié.
 
Estas medidas implicarían para nuestros productores seguridad en las inversiones, posibilidad de planificar y  crecer  diversificando su producción sin necesidad de cifrar su rentabilidad exclusivamente en el mono cultivo ( dadas las consabidas consecuencias que ello acarrea)  puesto que garantizarían estabilidad.
 
Ello  debido a su efecto multiplicador estaría  garantizando también la calidad de vida de nuestros productores y el arraigo en los pueblos del interior.
 
En definitiva, una política ganadera que establezca como prioridad un nuevo modelo de acumulación y desarrollo entre los productores hasta ahora más postergados.
 
Solo por este camino consumidores, productores, y la sociedad en su conjunto iniciaran el camino de la ESTABILIDAD CON CRECIMIENTO.

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