El trigo fertilizado en la región V Norte no despega

Así lo advierte un estudio efectuado en la región que buscó medir, en condiciones de secano, la respuesta agronómica a la fertilización nitrogenada en un cultivar de trigo para pan y dos cultivares de trigo candeal, a lo largo de tres campañas agrícolas.

Por el Ing. Ricardo Maich – (FCA-UNC)

Introducción
Allá por el 2014, el por entonces alumno Rodrigo Pons defendía su trabajo final correspondiente al Área de Consolidación, “Fertilización nitrogenada en trigo cultivado en secano en la región central semiárida”. En aquella ocasión el cultivo de trigo se fertilizó sobre la línea de siembra a razón de 25 o 50 kg N/ ha.

El cultivo no manifestó efectos fitóxicos y solo el índice de cosecha se vio significativamente incrementado por efecto de la fertilización nitrogenada. La medición del efecto de la fertilización nitrogenada sobre un trigo cultivado en secano pareciese estar limitada a las regiones trigueras II Norte, II Sur y IV. En la región IV los resultados publicados por Frollay colab. (2017)muestran que las precipitaciones entre abril y octubre estuvieron alrededor de los 400 mm, aun así, advierten que los máximos rendimientos se lograron con umbrales críticos de 100 kg N/ha.

Por su parte Díaz Zorita (2000) condujo sus ensayos en la región II Sur a lo largo de un trienio con una media acumulada de precipitaciones de 207 mm desde junio a noviembre. El mencionado autor sugiere que es conveniente fertilizar luego de que el cultivo haya emergido y no esperar a macollaje.

Al límite oeste de la región II Norte o sudeste de la provincia de Córdoba, Videla y Salafia (2019) observaron que los 214 mm de precipitaciones acumuladas en la localidad de La Cesira entre mayo y noviembre estuvieron por debajo de lo medido en Laboulaye (281 mm) y Gral. Levalle (356 mm), casualmente solo en estas dos últimas localidades se pudo constatar un efecto positivo y significativo de la fertilización nitrogenada hecha al voleo e incorporada previo a la siembra.

Por su parte, los resultados que provienen de la región I (Vidal y Franco, 2004) en que los cultivos de trigo recibieron 290.5 mm de precipitaciones durante la estación de cultivo, muestran que los rendimientos y las eficiencias de uso de N y P fueron más bajos en secano que con riego. Para finalizar esta escueta y acotada revisión bibliográfica, García Lamothe (2004) afirma sin rodeos lo siguiente: “Un suelo con pobre estructura, muy compactado o con mala preparación, impide una adecuada exploración de las raíces, o también puede tener problemas de infiltración que no permiten un buen aprovechamiento del agua de lluvia. En estas situaciones en que es baja la disponibilidad de agua en el suelo, la respuesta a N puede ser escasa, nula o incluso negativa”.

Pareciese ser que con 200 mm o más de precipitaciones durante el ciclo de cultivo, la respuesta a la fertilización nitrogenada recién comienza a poner de manifiesto un efecto significativo y positivo sobre el rendimiento en grano en trigo. Contextualización de por medio, el objetivo de la presente nota técnica fue medir la respuesta agronómica a la fertilización nitrogenada en un cultivar de trigo para pan y dos cultivares de trigo candeal, cultivados a lo largo de tres campañas agrícolas en la región triguera V Norte.

Materiales y Métodos
Los ensayos comparativos de rendimiento en trigo se realizaron durante tres campañas agrícolas (2018/19, 2019/20 y 2020/21) en el Área Experimental del Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de Córdoba (UNC). Esta zona se corresponde con la zona semiárida central de la provincia de Córdoba, con una precipitación media anual de 770 mm, con un régimen pluviométrico de tipo monzónico.

Se evaluó un cultivar de trigo para pan (ACA 360) y dos cultivares de trigo candeal (Obelix y Odiseo). La densidad de siembra usada fue de 200 semillas viables por m-2. Los materiales se sembraron durante el mes de mayo (19 de mayo de 2018, 15 de mayo de 2019 y 30 de mayo de 2020) sobre un lote que provenía de un barbecho estival. El diseño utilizado fue en bloques completamente aleatorizados con tres repeticiones. Las unidades experimentales fueron micro parcelas de cuatro surcos de 5 metros de longitud distanciados por 20 cm. Se fertilizó transversalmente la mitad de cada bloque a razón de 100 kg de N ha-1.

Previo a la siembra y para determinar la disponibilidad hídrica del perfil se tomaron muestras de agua con un barreno hasta los 2 metros de profundidad. Se registraron las precipitaciones acontecidas durante el ciclo de cultivo. A partir de la cosecha de los dos surcos centrales de cada parcela se midieron o estimaron las siguientes variables: rendimiento en grano y en biomasa aérea (kg ha-1), índice de cosecha (%), peso de 1000 granos (g) y número de granos por m2. Se analizaron los datos con el software para análisis estadísticos de aplicación general Infostat.

Resultados y Discusión
Interacciones significativas entre material x año fueron constatadas para todas las variables hecha la excepción para el número de granos por metro cuadrado. Para ninguna de las cinco variables, medidas o estimadas, se constataron diferencias estadísticamente significativas entre medias resultantes del efecto de la fertilización nitrogenada con urea a razón de 100 kg N ha-1 incorporada en sentido transversal a la dirección de los surcos al momento de la siembra (Tabla 1).

La cantidad de agua útil almacenada en el suelo al momento de la siembra y las precipitaciones acumuladas entre mayo y octubre se presentan en la tabla 2.

De la tabla 2 se desprende que al momento de la siembra la cantidad de agua almacenada no se convirtió en una limitante (por encima de 80% de la capacidad de campo). Mientras que la cantidad de precipitaciones acumuladas promedio durante el ciclo de cultivo (93.5 mm) no alcanzo el 50% de los 200 mm de precipitaciones que se retienen el piso para que la respuesta a la fertilización nitrogenada a la siembra resulte ostensible. En tal sentido, y en una de las conclusiones de su trabajo, Zilio y colab. (2019) aseveran que la respuesta a la fertilización nitrogenada estuvo en función de la precipitación acumulada en septiembre y la del período abril-octubre. Y como bien lo expresa Fernando Miguez (Estrategias de fertilización en trigo, mayo 2004), “el rendimiento final es el resultado de la interacción de muchos factores lo que determina que siempre exista un cierto grado de incertidumbre respecto del resultado”.

Por lo pronto, e intentando encontrarle la vuelta a la fertilización nitrogenada en un trigo cultivado en secano en la región V Norte, y dando por descontado que el acumulado pluviométrico durante el periodo en el que el cultivo de trigo transcurre su ciclo (mayo-octubre) es de 168 mm (promedio 1931-2015, INTA Manfredi), habrá que acercar algo más el fertilizante a la semilla distribuyéndolo sobre el surco, por ejemplo, retomar el trabajo de Rodrigo Pons y probar con 100 kilos de urea por hectárea.

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