El presupuesto 2023 carece de credibilidad y abona la incertidumbre

Los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) difundieron un crítico documento sobre los trazos de la macroeconomía planeados por el Gobierno para el año próximo.

El proyecto del Presupuesto 2023 pretende aparecer consistente con la aprobación del Senado y el respaldado del Fondo Monetario Internacional (FMI) pero es carente de credibilidad sobre el rumbo económico para algunos agentes, y propone objetivos de difícil cumplimiento para 2023.

Para planear 2023 el gobierno prevé para este año un crecimiento del Producto Bruto
Interno (PBI) estimado en 4%, una inflación del 95% y un superávit comercial en torno a los 7,8 mil millones de dólares. Y es por ello que el contexto de alta inflación y de actividad económica en baja plantean la necesidad de un sendero previsible que ayude a moderar la incertidumbre y la velocidad de los precios.

Por el lado de los números fiscales, se proyecta un déficit primario del 2,8% del PBI, que, añadiéndole el pago de los intereses de la deuda, alcanzaría el 4,4% del PBI y con ello pareciera que incumplirá los acuerdo con el FMI pero solo es un asiento administrativo que coloca esos registros por encima de lo acordado con ese Organismo. En ese mismo sentido, el Gobierno colocaría deuda flotante de un 0,3% del PBI para lograr los -2,5 puntos firmados para este año. Además, el cierre del año es una época especialmente sensible en el plano social, agudizado por la inflación seguro el Poder Ejecutivo echará mano a distintos bonos y refuerzos de ingresos a trabajadores estatales, jubilados y desocupados.

El pasado parece desdecir

El texto de los CREA prevé que lograr estos 2,8% de déficit para este año implicaría una muy fuerte desaceleración del gasto que recortaría 16% a lo planeado para este año y una sensible mejora en los ingresos fiscales, con una lógica muy diferente a la que propuso para los anteriores ejercicios, y situarse más cercano a lo ejecutado en 2018, año que engendró debates duros en el Gobierno.

“Enfocándonos en 2023, las proyecciones del presupuesto contemplan un crecimiento modesto de la economía, en este caso del 2%, motorizado principalmente por la mayor contribución de las exportaciones, que aumentarían 5,2%”, números que aparecen imbuidos de un exceso de optimismo cuando pocas economías crecerán en el ciclo que viene. Y adjudica a la inflación y a las fuertes restricciones cambiarias y comerciales un fuerte corsé para el crecimiento en 2023.

Respecto a lo monetario y los precios, el estudio de los CREA descree de la prospectiva del Ministerio de Economía al señalar que la inflación alcanzaría 60% y el dólar crecería 62,1%, depreciándose levemente en términos reales (+1,3%), y la emisión del Banco Central al Tesoro rondaría el 0,6% del PBI. “De esta manera –reconoce el estudio- se contempla una reducción significativa respecto al 100% anual estimado en 2022”, y desconfía que estos registros se logren sin un plan de estabilización.

“En 2021 y 2022 se aprecia una fuerte apreciación del peso desacoplándola del ritmo inflacionario que, ha operado como un importante ingreso de recursos “excedentes” que el Gobierno utiliza discrecionalmente” señala el documento aunque reconoce que si lo planeado es sobrepasado en un 10% habrá un mecanismo de corrección en setiembre del año venidero.

Lo fiscal también es abordado en el documento para exponer las dudas sobre las metas de reducción del gasto (-1,1%) respecto al año en curso, soportadas por una reducción en transferencias corrientes a partir de una fuerte reducción de subsidios a las tarifas en un año donde habrá elecciones. Además. Se observan además reducciones en derechos de importación.

Un exceso de optimismo en el sector externo

El presupuesto enviado por el ministro Massa asume un superávit en 12.300 millones de dólares supone niveles de exportación altísimos y un freno a las importaciones, sin aclarar el cómo. Las potenciales menores cosechas, la volatilidad de los precios y el atraso cambiario lo desdicen, traza el texto, que asume que las exportaciones crecientes se apoyan en importaciones que la empujan.
En suma, en términos generales, el presupuesto muestra varias inconsistencias y difícilmente la economía se encuentre en valores similares a los vaticinados por el proyecto. Al igual que en años anteriores, resulta más una declaración de intenciones y prioridades del Gobierno que un escenario factible para que los agentes puedan anclar sus expectativas.

Todo esto en un contexto donde la Reserva Federal (Fed) está regularizando su política monetaria tras la fuerte expansión de la pandemia y progresivamente va generando un entorno de menor liquidez global en dólares que, típicamente, es un factor bajista para los precios de las commodities.
La lógica detrás de la evolución observada es que las mayores tasas de interés vuelven más conservadores a los inversores, que se desprenden primero de activos de riesgo que dejan de ser atractivos en un entorno donde tasas de interés más altas imponen una mayor disciplina financiera. Para evitar un salto cambiario es fundamental que los precios internacionales de los productos agrícolas continúen mostrándose firmes en un mundo que, progresivamente, va mostrando una menor abundancia de dólares.

Al cierre, el documento reflexiona que la posibilidad de sostener el tipo de cambio oficial está fuertemente vinculada a la suerte que tenga la cosecha gruesa pues hay dudas respecto a si podrá terminarse antes del próximo invierno la infraestructura que Vaca Muerta requiere para sustituir las importaciones de gas. Con este escenario las reservas del Banco Central muestran una declinación, por un fuerte egreso de divisas por el déficit en Turismo, alentadas por el Mundial en Qatar.

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