El cultivo de garbanzo no debería ser una moda pasajera

“Las modas pasajeras son modas que entran al mercado con gran rapidez, son adoptadas con gran celo, llegan a la cúspide muy pronto y decaen muy velozmente. Sólo duran un período breve y tienden a atraer a una cantidad limitada de seguidores”.

Por el Ing. Ricardo Maich – (FCA-UNC)

Podríamos hablar de diferentes modas pasajeras cultivadas en secano en la región centro-norte de Córdoba, a saber y en orden alfabético: amaranto, arveja, cártamo, cebada cervecera, chía, colza, lenteja, lino, porotos varios, quínoa, trigo candeal, trigo sarraceno, triticale, sésamo, sorgo granifero y la lista sigue. Cuanto trabajo hecho a medias.

Para definir la adaptabilidad de un cultivo a un nuevo ambiente se requiere de años de evaluación y brindar al medio una información lo suficientemente confiable. Hasta la fecha solo se habla de la cantidad de hectáreas a ser cultivadas con trigo (6.5 millones de hectáreas), alguito de cebada cervecera y la nueva “sirena” hipnotizadora, Brassica carinata.

La Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA) en su mapa interactivo “BCCBA GIS” presenta entre los cultivos invernales al garbanzo y al trigo. Las estadísticas con las que se dispone muestran una clara tendencia en cuanto al rendimiento del garbanzo a lo largo de las últimas ocho campañas agrícolas.

Se avecina la campaña 2021/22, y agua almacenada de por medio en el suelo, los cultivos invernales están en las gateras. ¿Todos? ¿Con que proyecciones se cuenta para el cultivo del garbanzo? Durante el trienio 2014-2015-2016 las mieles del triunfo indujeron a los noveles garbanceros a sentirse dueños del mundo. El periodo 2018-2019-2020 les hizo poner los pies sobre la tierra, recordándoles de dónde viene el garbanzo y hacia dónde debería ir.

Informar es una obligación ineludible del Estado. Dentro del ámbito educativo las universidades nacionales, a través de sus secretarias de ciencia y tecnología, tienen un papel relevante en la generación de nuevos saberes. El saber científico debería tirar por tierra las incertezas. El objetivo de la presente nota es evitar que los resultados de ocho campañas agrícolas para los cultivos de garbanzo y trigo duerman el sueño de los justos, es decir, sacarlos del cajón y divulgarlos.

Los resultados divulgados por la BCCBA serán cotejados con aquellos obtenidos en el Campo Escuela (CE) de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC). Aun cuando no se cuente con las estadísticas de la última campaña agrícola (2020/21), se retienen a los resultados del CE extrapolables a nivel extensivo.

En la siguiente tabla se presentan los rendimientos en grano (BCCBA y CE), el agua útil almacenada en el suelo al momento de la siembra (CE), las precipitaciones mensuales (mayo-octubre) y las precipitaciones acumuladas durante el ciclo de cultivo del garbanzo. En paréntesis el rendimiento del trigo en el CE.

Antes de intentar explicar lo acontecido con los cultivos de garbanzo y trigo en las últimas ocho campañas agrícolas, se dejarán por sentado dos supuestos. El trigo es más eficiente en el uso del agua que el garbanzo, cortito y al pie respectivamente, 10 kg de grano mm versus 5 kg de grano mm.

En segunda instancia, las condiciones agroclimáticas de la región nos ponen inexorablemente delante de un estrés hídrico terminal, por lo que se debería prestar atención a los genotipos de garbanzo tolerantes a la sequía que suelen tener un crecimiento de raíces comparativamente mayor que los sensibles a la sequía.

Hasta que no se disponga de materiales tolerantes a la sequía, es necesario seguir profundizando el tema del manejo del riego, focalizando su uso alrededor de la etapa reproductiva. Los resultados del trabajo realizado en el año 2011 por Brussa, Figueroa, Neme y Reznikov muestran que dos riegos de 40 mm al inicio de la etapa reproductiva incrementaron el rendimiento en un 46.4%.

En el 2020, durante la mayor sequia de los últimos ocho años, la aplicación de riegos periódicos acorde con la media histórica para los meses de junio, julio, agosto y septiembre (10 mm por mes) determinó que el rendimiento se viese incrementado en un 113%. En el caso del trigo el aumento fue del 58.8%, casi el 50% del aumento en garbanzo.

Dicho lo anterior, analicemos en detalle con cuánta agua almacenada se contó en cada una de las ocho campañas estudiadas.

La cantidad de agua útil almacenada en el suelo hasta los 2 m de profundidad fluctuó entre los 200 mm y los 281 mm, respectivamente 10 quintales y 14 quintales de garbanzo, 20 quintales y 28 quintales de trigo. Para el trienio 2014-2015-2016 el cultivo de garbanzo rindió por encima de lo esperado en función del agua almacenada en el suelo. Se debe prestar atención a las precipitaciones acontecidas en octubre de los años 2014 y 2016, como así también a las precipitaciones por encima de la media histórica en julio y agosto de año 2015.

En el caso del trigo pareciese que los astros están más alineados con el agua almacenada a la siembra; no obstante, los 45 qq ha-1 del año 2016 recibieron una ayudita de los 53 mm de junio. En síntesis, se retiene que el cultivo trigo se las arregla mejor con el agua almacenada en el suelo; por el contrario, el garbanzo necesita del aporte de las lluvias inverno-primaverales.

Para confirmar lo antedicho, valga el análisis de los rendimientos del trienio 2018-2019-2020. El trigo, un relojito; al garbanzo, en cambio, le faltaron precipitaciones durante el trimestre invernal.

De manera muy preliminar y para el cultivo de garbanzo, no es tan importante el acumulado de precipitaciones sino de la manera en la que se distribuyen las precipitaciones durante su ciclo de cultivo (ver año 2018).

Antes de finalizar el presente ensayo científico, valga los aportes hechos por el equipo de investigación que coordina Julia Carreras y por el coordinador del Grupo Río Seco, Pablo Solfanelli. En tal sentido, se sigue adelante con el mejoramiento genético del garbanzo y si bien los precios son alentadores para la legumbre, el trigo no saca los pies del plato. Y en tren de reconocer que todo tiene que ver con todo, el presente ensayo científico tuvo un claro disparador en el trabajo final del área de consolidación de Emanuel Bruno dirigido por Walter Hugo Londero. En aquella ocasión se le puso números a la rentabilidad de los cultivos de trigo y garbanzo a largo de las dos últimas campañas agrícolas. Está de más aclarar que el margen de rentabilidad fue mayor para el trigo. Finalmente, es grato constatar que los rendimientos en el cultivo de garbanzo observados por la BCCBA están en línea con los determinados en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC).

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