Conocer más para reducir brechas y cuidar recursos

Un importante aporte de un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Villa María trazó una radiografía de la producción agropecuaria en el departamento Gral. San Martín. Interesantes conclusiones que obligan a mitigar las diferencias y proteger recursos.

Fue una exposición de un arduo trabajo y también un momento donde la academia se desacartona, baja del olimpo de las apariencias sesudas y se ocupa de echar luz a problemas que están allí, esperando en la maraña de urgencias y parcialidades. Abrió la decana del Instituto de Ciencias Básicas y Aplicadas Carolina Morgante para presentar un equipo que durante meses trabajó duro y estaba reunido para contar lo investigado.

El primer dato de este trabajo es la coordinación entre la Universidad, el Ministerio de Agricultura de la Nación (hoy secretaría del Ministerio de Economía) y el Senasa (Servicio Nacional de Sanidad Animal), que coordinan esfuerzos y recursos para conocer una realidad productiva, para luego (esperamos) tomar decisiones. 

Córdoba es un motor productivo en materias primas, manufacturas y servicios con un PIB geográfico de 8,5 puntos del producto nacional, con una creciente participación de las commodities agropecuarias. Maíz, soja y trigo como banderas y el 10% del stock ganadero la describen en trazos que muchas veces no dejan apreciar la diversidad que la provincia contiene, muchas veces con dolorosos contrastes.

Un equipo tras una matriz productiva diversa
La investigación puso foco en el departamento Gral. San Martín, que a su vez contiene realidades diversas tanto en ambientes, tamaño de las explotaciones agrícolas y modos de tenencia de la tierra.

El Ing. Claudio Razquín expone y presenta al equipo que realizó la invetigación

Para el registro estadístico se organizó el departamento en tres ambientes bien diferenciados y para conseguir precisión sin perder rigurosidad se recortó el universo de 150 productores encuestados a la mitad, según consignó la experta Eugenia Videla. De este modo se pudieron apreciar prácticas de manejo, adopción de tecnologías de insumos y procesos y la infraestructura con la que cuentan los productores.

Emiliano Jozami describió los registros pluviales en la región y dejó como conclusión que hacia Marcos Juárez crecieron las lluvias pero en el departamento Gral. San Martín se observa una estabilidad respecto a las anomalías que presenta el fenómeno de La Niña.

A su turno Julius Koritschoner caracterizó las particularidades ambientales que muestran las tres regiones en las que se dividió el departamento para un mejor abordaje y precisó que hay más presencia de carbono hacia el este y mayor localización de arcilla hacia el sur y oeste.

En otros aspectos de los resultados se aprecia que la producción predominante es la agricultura, si bien convive con poco más de un tercio del departamento que es mixta.

La mayor parte de los productores cultiva su propia tierra o comparte con lotes alquilados, y solo un porcentaje reducido labora tierras alquiladas.

Un alto número de productores recibe asesoramiento contratado y otros reciben asesoramiento de especialistas en comercio que proveen insumos. Otro dato interesante es que más de la mitad de los productores realiza cultivos invernales (avena, cebada, triticale) o de servicio (con creciente presencia de vicia).

Los reclamos más recurrentes son mejoras en infraestructura en caminos, conectividad y obras hidráulicas.

El ingeniero y docente de la cátedra de Cultivos extensivos Claudio Razquín hizo hincapié en la brecha que muestran algunas zonas del departamento respecto a producción triguera, muy marcadas en lotes comparables. Respecto a estas diferencias, en la encuesta los productores creen poder mejorar esas performances y adjudicaron esas brechas a cuestiones climáticas, incertidumbre respecto a precios, a limitaciones económico-financieras, manejo de malezas, falta de fertilización y un mejor manejo de las fechas de siembra. 

También Razquín rescató como datos importantes la baja utilización de semillas fiscalizadas y la necesidad de una fertilización apropiada. Quizás una causa de esta cuestión sea que, aún con lluvias comparables, algunos productores maiceros estén en 10 mil kilos y otros promedien 2,5 mil.

El investigador destacó que un 30% de los productores no mide lo que hace ni conoce la presencia de nutrientes ni la disponibilidad de agua, y muy pocos tienen en cuenta la altimetría de sus lotes, información que se halla disponible y sin costo.

Luego, Néstor Di Leo puso el foco en la producción sojera del departamento y resaltó que solo el 15% de los productores toma decisiones en base a ensayos y “si bien la soja tiene una menor sensibilidad al manejo, más de un tercio de los agricultores no realiza ninguna medición”, aseguró.

Di Leo también precisó que se debe mejorar mucho en fertilización, inoculación de semillas y selección de cultivares con mejor adaptación a los ambientes.

Respecto a la adopción de Ag Tech (tecnología en agricultura) se observan matices muy diferenciados y tiene que ver con la ecuación económica que cruza tamaño de los lotes trabajados y relación con la tierra que se trabaja: los productores más grandes y titulares de su propiedad tienen una mayor inclusión de tecnología, cuenta con maquinaria más actualizada y disponible. “Hay una mayor adopción de tecnología en maquinaria y menos en manejo. Solo un 10% utiliza monitores de rendimiento”, expuso en investigador.

Muchas buenas y muchas a mejorar
Claudio Razquín epilogó el encuentro y trazó algunas conclusiones a modo de balance. “Hay muchos productores que utilizan plataformas de gestión de información, analizan el suelo, manejan cultivos según cada ambiente y tienen rendimientos estables y eso está bien. Pero hay mucho para mejorar: hay que adoptar más conocimiento, tecnología y prácticas en los procesos productivos pues allí reside una buena parte de la brecha productiva que hay entre productores de punta y el resto”, analizó.

Emiliano Jozami, Néstor Di Leo, Claudio Razquín, María Eugenia Videla y Julius Koritschoner (foto: IAPCByA)

Alentó a mejorar la agricultura de precisión en trigo y a la utilización de información satelital disponible. Quizás este déficit tenga base en mejorar la asistencia de profesionales, en el asesoramiento permanente y ajustado al contexto productivo, y apareado a esto convocó a profesionales egresados a revincularse con la universidad como parte de una estrategia de actualización permanente en un sector productivo con mejoras muy dinámicas.

Al cierre subrayó una cuestión determinante: el departamento tiene un déficit de nitrógeno muy marcado y quizás este balance negativo sea una de las causas de la brecha productiva que arrojó la investigación.

Por Osvaldo iachetta / Redacción Todoagro

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