Con prácticas agroecológicas buscan potenciar las pasturas de un pequeño tambo familiar

Ante la imposibilidad de aplicar agroquímicos, por tener su explotación en un área periurbana, una familia tambera santafesina buscó apoyarse en el INTA para encontrar soluciones agroecológicas que permitan mejorar su producción. Con material orgánico y minerales elaboraron un fertilizante/bioestimulante para pasturas.

En el marco de un proyecto de agroecología que está coordinado por el INTA Oliveros, la AER Carlos Pelegrini lleva adelante una serie de colaboraciones con diferentes explotaciones productivas de la región centro-sur de Santa Fe. Específicamente, en la zona de San Martín de las Escobas, decidieron asesorar un pequeño tambo familiar, limitado en la aplicación de productos agroquímicos, por ubicarse en las inmediaciones de dicha localidad.

Es así que decidieron trabajar en la formulación de un biofertilizante, específicamente del “Supermagro”; un bioproducto que puede ser elaborado por los mismos productores y que hace muchos años se lo conoce por sus beneficios agroecológicos.

Se compone principalmente de material orgánico más el aporte de algunos minerales y es de relativamente fácil preparación. “Su formulación está bastante extendida dentro del sector y se va adaptando en algunos componentes de acuerdo a las necesidades del sistema donde se implemente”, señala la Ing. Agr. Yamila Rosso, extensionista de la AER Carlos Pellegrini del INTA y miembro del grupo de profesionales que busca asesorar sobre prácticas agroecológicas a explotaciones productivas que se encuentran en similares condiciones a las de éste tambo, o bien, que desean trabajar con formulaciones agroecológicas y bajar la carga de químicos en sus producciones.

“Este es un tambo que estamos acompañando hace muchos años; un tambo familiar que está en el periurbano de la localidad y que lo trabajan sus dueños (Rafael y María Confalonieri); en unas 20 hectáreas aproximadamente; con unas 8 ha en el periurbano, donde tienen el tambo y que por la reglamentación de no poder aplicar agroquímicos en estas tierras, se ven limitados en el uso de productos”, comentó Rosso.

La Ing. Rosso, colaborando con Rafael Confalonieri en la recolección de materiales para la elaboración del Supermagro

Desde el ámbito profesional, el grupo de trabajo que lleva adelante esta asesoría indica que el Supermagro busca potenciar las prácticas agroecológicas, tanto en sistemas intensivos como extensivos agroecológicos. “El objetivo es que cada productor lo pueda elaborar y adaptarlo a sus necesidades particulares, que tienen que ver con el suelo, las pasturas y ciertas condiciones propias. En este caso decidimos elaborarlo con algunos minerales específicos; pero en otros sistemas de producción por ahí se decide utilizar y/o agregar otros de acuerdo a lo que se perciba sobre las necesidades”, detalló la ingeniera, y añadió: “Si bien es un bioproducto que en este caso se elabora para usar como un fertilizante y bioestimulante de la planta, hay quienes lo han utilizado también como repelente de algunas plagas, como arañuela por ejemplo últimamente en la región”.

La preparación
Puede llevarse adelante por parte del mismo productor. En este caso particular, se buscó realizar el ensayo aprovechando una máquina de arrastre pulverizadora que le había quedado al dueño desde hace algunos años, y que con los permisos municipales pertinentes para aplicar un producto agroecológico, pudieron obtener la habilitación para su uso.

“En primera medida realizamos la preparación del biofertilizante, ya que lleva luego un período de fermentación/maduración, de unos 30 días, y recién pasado ese tiempo se puede aplicar. En este caso se hará sobre dos pasturas, uno que aún no se sembró (lo hará pronto), y otra que ya está sembrada.  En uno de los lotes hay una mezcla de cebadilla, trebol rojo, raigrás y alfalfa. En el otro lote, pastura pura de alfalfa”, precisó Rosso.

La preparación se llevó a cabo en un tambor de 200 litros. “La base es agua, a la mitad del tacho. Después lo primero que se incorpora son los componentes orgánicos, que son estiércol de vaca; algo de estiércol de gallina (estos por el aporte de nitrógeno); plantas verdes picadas, como alfalfa o hasta incluso ortigas por ejemplo; también harina de hueso y cáscara de huevo molida; y después se le incorpora la proteína, que es la leche o suero, que generan la fermentación, junto con melaza o azúcar. Además se utiliza tierra de monte, de donde provienen los microorganismos que van a hacer de inóculo, junto con la bosta de vaca. Luego se vierten los minerales, que son los que más varían de acuerdo a las necesidades del lugar. En este caso usamos carbonato de calcio, sulfato de zinc, sulfato de magnesio, sulfato de manganeso, sulfato de cobre, sulfato de hierro y bórax”, detalló Rosso.

En la jornada participaron junto a Rosso y la familia Confalonieri, Yanina Smerling, con mucha experiencia en el tema a quien agradecemos la predisposición y la apertura para brindar sus conocimientos. También estuvo presente el presidente comunal de San Martin de las Escobas, Marcos Alarcón y la promotora de prohuerta Rita Druetto.

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