Abandonar “la visión fitocéntrica” para un mejor manejo de enfermedades en cultivos de invierno

Es la propuesta de la Ing. Florencia Magliano, de la consultora Sillón & Asociados. De que se trata y por qué invita a trabajar mejor frente a manchas y royas.

En el marco de una nueva jornada de Voces Expertas, que propuso la compañía UPL, Margarita Sillón y Florencia Magliano (Sillón & Asociados) analizaron las estrategias sanitarias para abordar los cultivos de trigo y cebada.
 
Uno de los nuevos enfoques fue propuesto por Magliano, que invitó a abandonar la “visión fitocéntrica”. Es decir, la idea de que este tipo de patógenos –refiriéndose a manchas y royas- se controlan con fungicidas en Z37 o Z39.

Según la especialista, este concepto sitúa al estado fenológico del cultivo como el primer parámetro para tomar una decisión. “Abandonar la visión fitocéntrica significa basarse primero en el diagnóstico de monitoreo en los umbrales y luego tomar las decisiones con respecto a la epidemiología de la enfermedad. En el caso de la roya es importante controlar cuando realmente aparece, y no por un estado fenológico”, enfatizó.
 
“Algo nos tiene que quedar en claro: ya no vamos a poder usar estrobilurinas, triazoles y carboxamidas por separado, porque el riesgo de generar resistencias es alto. Lo que se impone es la utilización de mezclas. Así vamos a estar abarcando la mayoría de las enfermedades de forma preventiva actuando en los inicios de la vida de esos patógenos y también de manera curativa, cuando éstos ya hayan crecido”, dijo Magliano.

Amplió sus conceptos diciendo que: “si aplicamos una estrobilurina sola, se controlan bien algunos puntos de estos patógenos. Si utilizamos un triazol solo, actúa bien en las partes finales del ciclo de la enfermedad. Si aplicamos un multisitio solo, vamos a actuar muy bien al principio, pero nos va a faltar algo al final del control de un patógeno que ya esté evolucionado. Por eso, las mezclas son la mejor estrategia para combinar todos los efectos positivos que tiene cada uno de los grupos de acción”.
 
Por su parte, Margarita Sillón destacó que para estar preparados hace falta saber de dónde viene el patógeno, dónde sobrevive y cómo se expande. En el caso de los cereales, tiene mucha importancia la genética.

“Hay que analizar la susceptibilidad o resistencia de las variedades a las principales enfermedades. También hay que considerar el ambiente, y no solo la “temperatura y humedad” sino el mojado –en las manchas– y el rocío -en las royas-. Además, pueden producirse enfermedades por estrés hídrico – algunos patógenos colonizan mejor a partir de la escasez o el calor extremo-“, enumeró.
 
Una mala implantación, el desbalance en la fertilización o la siembra fuera de fecha, también pueden generar que determinados patógenos –sobre todo los necrotróficos– colonicen mejor. En este punto, mencionó que en un manejo global de la enfermedad se puede tener en cuenta el uso de bioestimulantes, que ayudan a que el cultivo se defienda.
 
Sillón remarcó las cuatro principales enfermedades foliares: mancha amarilla, septoriosis, mancha borrosa del trigo y cebada, y lesiones por alternaria. No obstante, “mancha amarilla es la más importante. El hongo puede estar en la semilla y también en el rastrojo, por eso suele ser una enfermedad muy temprana en el cultivo”.
 
La especialista destacó el uso de los umbrales como herramienta para la toma de decisiones. Es decir, “la cantidad máxima de enfermedad tolerable económicamente”. Pero advirtió: “hay que manejar los conceptos de incidencia, severidad y prevalencia. Incidencia en el trigo no es el porcentaje de plantas sino el de hojas afectadas; en tanto que en severidad hay que tener en cuenta las hojas superiores y promediar el área afectada. En cambio, si hablamos de prevalencia, se refiere a la cantidad de lotes afectados en una región”.
 
Para Sillón, “las manchas y las royas son enfermedades policíclicas”. Por eso hay que tener en cuenta la curva de progreso de la enfermedad y realizar acciones de protección antes de la fase exponencial. Hay que evitar a toda costa hacerlo en forma tardía, cuando ya no se trata de “protección” sino de “terapia”. “El objetivo del manejo es mantener la intensidad final de la enfermedad por debajo del nivel de daño económico, para evitar disminuir las pérdidas de producción en cantidad o calidad”, finalizó.

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